Síntesis de la tesis de Maestría en Psicoanálisis, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG), en convenio con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), defendida el 12 de diciembre de 2025.
Director: Mag. Norberto Lloves · Co-directora: Dra. Beatriz Rodríguez
Jurado: Mag. Ruth Kazez, Mag. Silvia Lastra, Mag. Graciela Reid.
La tesis aquí sintetizada surge del común denominador de una serie de recortes clínicos que remiten a aquello que en el discurso psicoanalítico puede considerarse como ternura. Dichos recortes operan como disparadores de una pregunta de investigación que guía el trabajo, a saber: ¿Cuál es el estatuto metapsicológico de la ternura, y qué función cumple en el psiquismo? El interrogante planteado se puntualiza en un objetivo general: conceptualizar el estatuto metapsicológico de la ternura y describir la función que cumple en el psiquismo. Para ello se postulan tres objetivos específicos: rastrear y describir las alusiones a la ternura que aparecen en la obra freudiana; rastrear y describir las alusiones al concepto de ternura que aparecen en autores postfreudianos; precisar el modo en que se manifiesta la ternura en el psiquismo.
La tesis, dado su carácter exploratorio, carece de hipótesis preliminares más no de anticipaciones de sentido. El enfoque cualitativo propio de la investigación bibliográfica se enmarca en un paradigma hermenéutico que toma como unidades de análisis textos específicos de los autores que se consideran relevantes en el campo psicoanalítico.
En la conclusión se da respuesta a los requisitos metapsicológicos que se postularon para definir el concepto de ternura, así como también una pertinente descripción de las funciones que atañen a la misma.
La premisa de hablar de ternura por fuera del campo psicoanalítico como motor de la investigación, llevó a que el primer capítulo de la tesis sea hablado por la música, el cine, y la literatura. Recopiladas citas, escenas y pasajes novelísticos, se arribó a una conclusión que, sorpresa de pocos, mucho tuvo que ver con los desarrollos teóricos desarrollados a lo largo de los apartados siguientes. Es así que Camila Sosa Villada, el Indio Solari, Ricardo Mollo, Antoine de Saint Exupery, Alejandro Dolina, Adrián Dárgelos, Wos, Anne Dufourmantelle, y las escenas escogidas de la saga de libros de J. K. Rowling del niño mago más famoso del mundo (entre otras tantas referencias), tuvieron un denominador común: describieron la ternura sin tecnicismos academicistas. Dicha decisión logró llegar a una premisa orientadora: encontramos aquello que entendemos por ternura en tres instancias: la vida amorosa de los sexos y los vínculos amistosos, las infancias y las vejeces, los animales (especialmente los domésticos). De aquí se extiende una primera aproximación a la ternura: si hay un denominador presente en dichas instancias no es sino el registro de aquellos como otros a quienes cuidar y proteger. Sin afirmar que la ternura sea equivalente al registro del otro como plausible de ser cuidado y protegido, existen motivos suficientes para pensar que entre el concepto y dicho registro particular hay una estrecha asociación. Aquí aparece una primera referencia freudiana que no se encontrará pocas veces en las páginas venideras. Dice Freud (1895) a saber: "El inicial desvalimiento del ser humano es la fuente primordial de todos los motivos morales" (pág. 363).
El capítulo segundo introduce el psicoanálisis a la investigación de forma exhaustiva, sistematizando las alusiones a la ternura que Sigmund Freud describe a lo largo de su obra. Es así que se inician los esclarecimientos con referencias a Tres ensayos de teoría sexual (1905), donde el autor introduce las nociones de corriente tierna y corriente sensual de la vida anímica, así como también la idea de cierta represión que "atempera" las metas sexuales infantiles ocurrentes en la latencia. En el texto, se remiten también ideas complejas respecto a la sublimación, los diques anímicos y las pulsiones sexuales de meta inhibida que serán claves para sistematizar cabalmente el estatuto de la ternura.
Es en Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (1912) que Freud caracteriza de buena manera a las corrientes diferenciadas años anteriores, dotando a la investigación de nuevos recursos. Aparecen años más tarde, en Psicología de las masas y análisis del yo (1921), consideraciones rotundas respecto a las pulsiones de meta sexual inhibida y la premisa que la ternura es una forma de ligar hacia el semejante algo del orden de lo sexual que fue atemperado. Es aquí cuando asoma la metapsicología, dado que el autor nombra un "comienzo de sublimación" a esas pulsiones atemperadas. Ese proceso aún en penumbras, otorga cierta característica distintiva a las pulsiones que interesan, la aptitud de crear ligazones de carácter duradero. Al no ser satisfechas, las pulsiones de meta inhibida continúan generando enlace al objeto. No menor, se verá en las conclusiones, es la idea freudiana de ciertos "obstáculos internos y externos" con los que se topan las pulsiones sexuales en carácter de resistencias.
Las consideraciones que en El malestar en la cultura Freud (1930) comparte, permitieron ampliar las hasta entonces referencias a lo pulsional sumando puntualizaciones específicas respecto de la cultura y su impacto en los vínculos entre seres humanos. Aparece una nueva premisa: Freud sostiene que la cultura es la encargada de movilizar proporciones máximas de libido de meta inhibida a fines de fortalecer los lazos comunitarios mediante, por ejemplo, vínculos de amistad. Necesariamente para esto, dice el autor, la misma debe limitar la vida sexual, aunque no puede explicar de forma acabada la necesidad objetiva de hacerlo. Será momento de clarificarlo cuando plantee la existencia de inclinaciones agresivas que pueden registrarse como suponerse en unos y otros. Explica entonces que, al verse amenazada la cultura por la hostilidad recíproca de los humanos, es ella quien movilizará todo a su alcance para poner límites a las pulsiones agresivas, sofrenando mediante formaciones reactivas sus exteriorizaciones. Este concepto será clave, también, para las futuras conclusiones de la investigación.
En el capítulo tercero de la investigación aquí sintetizada, se ahondó en los desarrollos de autores postfreudianos que se consideraron menester de la complejidad y alcance que los objetivos que se propusieron. Es así que propicios desarrollos se hallaron en las palabras del argentino Fernando Ulloa, que en sus diferentes textos brindó premisas varias para una cabal metapsicología de la ternura. Dirá el autor (1995) que "la ternura, siendo de hecho una instancia ética, es inicial renuncia al apoderamiento del infantil sujeto. Para definirla en términos psicoanalíticos, diré que la ternura es la coartación –el freno- del fin último, fin de descarga, de la pulsión" (pág. 135). Esta renuncia sentará las bases de la ética, como también cuestiones respecto de lo pulsional. Esta coartación del fin último de la pulsión, generará según el autor, ciertas "condiciones", a saber: la empatía, el miramiento y el "buen trato". La ternura posibilitará organizar un sujeto deseante a la vez que instala las bases de la ética. Aquí es claro el autor: las consecuencias de su no implementación pueden devenir en manifestaciones psicopatológicas para el cachorro humano. La frase freudiana que supimos referir en los inicios no dista ni un poco de los hasta aquí presentados esclarecimientos. A partir de Ulloa, entonces, recordamos el escenario iniciático que Freud supo también destacar: los primeros tiempos del cachorro humano brinda el espacio privilegiado de aparición de la ternura y es aquí donde se debe pensarla.
Breves, pero no menores consideraciones se hallaron en los desarrollos del húngaro Sandor Ferenczi, que en las escenas descriptas en su texto Confusión de lenguas entre los adultos y el niño, del año 1933, le otorga el estatuto de psicopatológicas a las consecuencias que un registro de amor diferenciado al posible de asimilar por los infantes, o una cantidad del mismo imposible de tamizar, puede generar.
En los vastos aportes de la argentina Silvia Bleichmar se hallaron necesarias elucidaciones respecto a la posible función de la ternura. Aparecen conclusiones de la autora, en su relectura del caso Erna, tendientes a referir a la ternura la capacidad de articular aspectos sádicos en la niña. A su vez, comenta que existen reiteradas situaciones donde una excesiva erotización o una genitalización precoz, coartan la posibilidad de que la ternura advenga en los sujetos con sus consecuentes posibilidades psíquicas. Aquí se halla un punto de conexión no menor respecto a las consecuencias de la fallida o condicionada instalación de la ternura en el psiquismo. También se toma de la autora sus descripciones rigurosas respecto del amor y el autoerotismo: el primero no como un desprendimiento lógico (sin modificaciones) del segundo, sino como algo apuntalado en el autoerotismo pero que revista cierta transformación de lo pulsional.
El último autor revisitado, a la luz de ampliar los presentes esclarecimientos, fue el francés André Green. En su indagación se hallaron consideraciones no menores de su relectura a los tres ensayos freudianos retomando una distinción fundamental entre la inhibición de la pulsión y la represión. Dirá el autor, entre sus tantos comentarios acertados, que la primera justamente se ahorra la segunda. Aquí plantea un escenario de debate metapsicológico propicio de fructíferos alcances, en materia de pensar con rigurosidad qué procesos se juegan en los escenarios que se proponen como lugares privilegiados de aparición de la ternura, asociándolos con los que sucede intrapsíquicamente, motivación principal de los desarrollos investigativos que se pretenden ahondar.
En el cuarto capítulo se profundizan los tres casos clínicos referenciados en la introducción, describiendo en cada uno aquellas consideraciones que se sostuvieron como "manifestaciones" de ternura que decanta en una conclusión no desconocida para los iniciáticos momentos del trabajo. En una descripción y entendimiento particular de cada una de las manifestaciones que se tomaron como unidades de análisis, se logra concluir que todas aquellas dan cuenta de la ternura como un registro del Yo; es decir, como la disposición yoica de un sujeto a tener al otro en un lugar particularmente diferenciado.
Haber prestado atención a cada ejemplo y sus descripciones lleva a un camino que a los fines de la investigación competen, a saber: las manifestaciones psíquicas de lo que se denominó ternura coinciden en sus fundamentos con aquel denominador que se supo aventurar en los primeros momentos del trabajo: el registro de cuidado y protección. Esta premisa decanta en una conclusión que por apresurada no se considera errónea, el cuidado y la protección sería menester del registro de la ternura con que en la presente investigación se insistió arduamente.
El apartado denominado "estatuto metapsicológico" contiene las consideraciones más técnicas del trabajo que perderían su densidad teórica si no se comentan en su totalidad. Dar cuenta de una síntesis, tendrá como consecuencia lógica, aceptar la pérdida de parte de ello. Será entonces menester de continuar, describir dos acepciones que se decidió sostener respecto a la metapsicología de la ternura. Por un lado, la ternura como registro yoico. Por el otro, la ternura respecto de la pulsión.
En el primer caso, respecto de la ternura como registro yoico, se logran los fundamentos suficientes para sostener que se considera la ternura como resultante, dinámicamente, de la coartación del ejercicio pulsional directo. El refrenamiento que opera esclarece sólo el aspecto dinámico menester de la explicación completa. Tópicamente, se puede conjeturar el registro tierno desde la forma que tiene el yo de organizar sus intereses hacia el cachorro humano, partiendo de su reparo del mismo como semejante, considerando su subjetividad aun cuando no puede darse cuenta de un sujeto en sentido estricto, con un aparato psíquico clivado y una economía libidinal en proceso. Económicamente hablando, no existiría forma alguna de entender dicho accionar si no es bajo las formas del investimento libidinal hacia el otro. Libido yoica devenida objetal que medie, necesariamente, para considerar la supervivencia del otro por sobre el propio ejercicio satisfactorio directo de la pulsión.
En relación a la ternura respecto de la pulsión, se ahondó en descripciones rigurosas respecto de aquellas "resistencias internas" que se supo considerar en palabras de Freud. Habiendo diferenciado las funciones y formaciones de los diques anímicos, recorrido los diferentes destinos pulsionales que Freud describió en la metapsicología de 1914, y retomando las descripciones de sus -Tres ensayos-, se logra llegar a la siguiente descripción:
Si es por medio de la formación reactiva que se edifican los diferentes poderes anímicos que Freud supo enunciar, y estos diques son a su vez defensas contra el advenimiento de la pulsión sexual y su meta, podríamos suponer que la ternura funcionaría como un dique anímico cuyo objetivo concuerda con los mismos que los demás poderes anímicos, sabiendo además que su formación también tiene orígenes similares a ellos. Justificar dicho interrogante sería la coronación de la presente investigación.
En este punto la complejidad del concepto abordado vuelve a sus inicios cuando encontramos que aquel "sedimento histórico" al que Freud asocia las "inhibiciones externas" -y dice que los poderes anímicos, evidencian desde la psicogénesis de la humanidad- no es otro que las influencias externas de los primeros cuidados del adulto hacia el inerme sujeto que se propician desde su llegada al mundo extrauterino.
En este punto, se puede afirmar que los primeros cuidados autoconservativos del adulto hacia el cachorro humano garantizan el primer ejercicio de ligazones respondientes al registro yoico de la ternura del adulto hacia el infante. Este juego intersubjetivo goza de la misma funcionalidad que le adjudicamos a los diques anímicos, y su estatuto es similar al de ellos, por lo que se tienen razones más que suficientes para entender la ternura como tal.
En términos metapsicológicos respecto de la pulsión, la ternura podrá entenderse (dinámicamente) como una contracatexia de mociones pulsionales, que no gozarán de estatuto en la conciencia, sino que permanecerán inconcientes (tópicamente) y, al ser inhibidas en sus metas sexuales, insatisfechas (económicamente), no resultarán displacenteras para el aparato psíquico ya que resultarán de una defensa exitosa.
Se responderá ahora la pregunta de investigación de forma acabada, dando cuenta de los recorridos hechos a partir de los objetivos de la tesis en cuestión y dilucidados ya, en el apartado anterior, respecto del estatuto metapsicológico de la ternura. Dando cuenta con suficientes razones del repaso de las alusiones a la ternura tanto en la obra de Sigmund Freud, como de Fernando Ulloa, Silvia Bleichmar, Sandor Ferenczi y André Green, se concluye que la ternura en el psiquismo no tiene una, sino varias funciones.
Se sabe, también por los desarrollos de la presente investigación, que el registro de cuidado y protección al que ya se ha referido tiene una escena iniciática y es aquella donde los efectos del accionar del otro adulto en el niño tienen consecuencias directas en la aparición o no de la ternura. Es aquí donde se encuentra el fundamento de la ternura como registro y sus concomitancias futuras, es decir, en el peligro que acarrea para el cachorro humano desde el nacimiento. En este punto se considera pertinente recalcar que es mediante este registro por parte de otro experimentado que existe la conservación de la vida del desvalido infante. La ternura se ofrece, entonces, como registro de supervivencia necesario para la conservación de la vida. Recordar una vez más la frase freudiana citada en los principios de esta síntesis, no sería una propuesta desacertada.
Volviendo al desvalimiento, éste pareciera ser la condición necesaria que permitiría al adulto que cuida al infante, tener registro del desvalido por el cual renunciaría a su satisfacción pulsional directa (apoderamiento). La ternura en el cachorro humano aparecería en el registro del otro (intersubjetividad), en tiempos de desvalimiento, en el accionar tierno que tiene el cuidador ante un sujeto incapaz aún de ternura (subjetividad). Es requisito enternecerse ante otro que aún no tiene internalizado dicho registro para posibilitar que en un futuro pueda hacerlo.
Lo dicho hasta aquí no se aleja de los objetivos de la tesis, sino por el contrario, acerca aún más a responder la pregunta que guía la investigación. No sólo la ternura tendría la función de registrar a otro en términos de soporte autoconservativo, sino que también apuntaría a diferenciar otra tarea: mitigar el fin último de satisfacción pulsional y propiciar formaciones reactivas que combatan con la hostilidad instintiva misma que el sujeto acarrea en su naturaleza. En otras palabras: mediar como registro autoconservativo, coartar el accionar pulsional directo, propiciar modos de derivar y mitigar los efectos del empuje pulsional.