Síntesis del Trabajo Final integrador de la Especialización en Psicoanálisis de Adultos:
Síntesis del Trabajo Final Integrador (TFI), del Posgrado de Especialización en Psicoanálisis de Adultos. Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG), en convenio con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), defendida el 26 de noviembre del 2025. Directora: Dra. Beatriz Rodríguez.
Jurado: Mag. Alicia Levin, Dra. Mirta Cohen y Mag. Lucila De La Serna.
Diversos autores psicoanalíticos, coinciden en el arduo recorrido que debe atravesar la niña para llegar a construir su identidad de mujer. Trayecto que arma psiquismo, cuerpo, vincularidades y deseos.
Lo femenino ha sido ubicado en términos de la carencia y lo negativo, y solo idealizado desde la maternidad como lugar de gestación y reproducción. El saber y el poder de la mujer se han ubicado fantasmáticamente en lo maternal, anulando la subjetividad femenina deseante.
Las nuevas tecnologías reproductivas ofrecen la posibilidad de acceder a una identidad femenina por medio de la procreación, reforzando la ecuación mujer-madre; permitiendo el acceso a una imaginaria completud idílica mediante la gestación de un hijo, que obtura -al mismo tiempo-, otros caminos posibles.
¿Cómo se inscribe el deseo de hijo en el proceso de subjetivación femenina? ¿Se puede plantear una subjetividad femenina independiente de la maternidad? ¿Es posible pensar el deseo de hijo como una producción subjetiva deseante, y no solo como sustitución de una carencia fundamental atribuida a las mujeres?
El caso clínico que aquí presento devela la compleja trama en la que se entrecruzan las fantasías primordiales, el «deseo de hijo», las categorías de filiación, y el papel de la sexualidad, así como los ideales de maternidad y de feminidad implicados en el campo representacional y en los procesos de subjetivación femenina, durante un tratamiento de fertilización asistida.
La pregunta que guía este trabajo es ¿El deseo de hijo será la única manera posible en que una paciente en proceso de fertilización asistida acceda a la feminidad? De esta pregunta central se derivan otros interrogantes que contribuyen al análisis del caso: ¿Desea Sofía un hijo como restitución narcisista ante la falta de pene? ¿Tener un hijo, le permitiría huir de la falta de afecto del padre, en tanto mujer?
Partiendo de la hipótesis: El deseo de hijo operaría como soporte identificatorio de una feminidad no adquirida, en una paciente que lleva a cabo fertilización asistida. El objetivo general de esta indagación consiste en: Describir el modo en que opera el deseo de hijo en esta paciente en particular y sus objetivos específicos son: Analizar la constitución del deseo de hijo en una paciente que lleva a cabo fertilización asistida, y diferenciar «deseo de maternidad», de «deseo de hijo».
Se trata de una investigación con diseño descriptivo, de carácter prospectivo, y enfoque cualitativo. La técnica empleada para la recolección de datos es la entrevista clínica, en un único caso que -por lo tanto- coincide con la unidad de análisis: una paciente que presenta la problemática planteada. El análisis e interpretación de los resultados se llevan a cabo a partir del método psicoanalítico, tomando el mismo como método indiciario; entendiendo que el psicoanálisis, en tanto método hermenéutico, considera a la técnica interpretativa como la vía regia que conduce al análisis de su objeto de estudio: los procesos inconscientes. Por lo tanto, la tarea psicoanalítica apunta a establecer los nexos entre el supuesto sinsentido sintomático y aquellas situaciones del pasado en que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin ; ya que su significado sólo es posible de discernimiento, a posteriori. La atemporalidad de lo inconciente nos permite reconocer los efectos de éste en el padecimiento actual, tomando las formas de lo epocal que es, al mismo tiempo, garantía de su permanencia.
En el caso clínico cuya viñeta se presenta a continuación, el deseado «final feliz» de la paciente —en cuanto al logro de un embarazo mediante tratamientos de fertilización asistida— no fue posible. El resultado esperado, que podría haber sido la solución para una pregunta sobre la maternidad, abrió otros interrogantes más profundos sobre la feminidad y el «deseo de hijo», dejando al descubierto fantasías y mandatos que transcienden lo conciente.
Sofía tiene 38 años y es ingeniera civil, en una compañía multinacional donde ejerce un rol técnico-gerencial, con personal a cargo: "todos hombres; yo la única mujer, viste que yo soy medio pibito".
Motiva su consulta a que la ayude a transitar el proceso de fertilización asistida que está por comenzar. "Voy a empezar a llorar (se seca algunas lágrimas), soy maricona, pelotuda… quiero tener un bebé". Sofia hará una intervención con donación de esperma. Expresa que se angustia porque llega a este tratamiento, por no tener un compañero con quien armar una familia. " Si nadie me coge debo tener un hijo por fertilización".
Indago sobre la historia familiar de embarazos: ella nace seismesina. Luego nace un varón prematuro que muere a los pocos días. "Mamá quería adoptar, pero mi papá no. A mí me gustaría tener panza, fantaseo con la panza, con panza soy mujer, es la completud… me sentiría femenina, podría mostrar que soy mujer. Toda mujer quiere ser madre".
En el curso de los tratamientos, aumenta de peso debido al cóctel hormonal que debe administrarse. "Estoy incogible, me siento más pibito cuando estoy gorda. Yo veo a mi mamá como incogible, nunca se viste de mujer".
La paciente ocupa muchas sesiones hablando de su vínculo con el padre: "Mi papá considera que muchas cosas mías son gracias a él, dice que cuando se muera me van a comer los piojos." Relata sobre los gritos y maltratos de su padre, la pasividad de su madre y las inhibiciones que tiene ella para hablar. "Él me dice: no tenés huevos, no reaccionás, sos una inútil". El padre ejerce violencia verbal, desprecia y descalifica los deseos de su hija. "Siempre me ha dicho: Vos con ese cuerpo podés ir a hombrear bolsas al puerto".
Sofía compra la muestra de esperma en un Banco de Semen. Esta elección tenía que ser a partir del mayor parecido posible a ella de niña. Expresa: "te muestran fotos de bebés y niños (los donantes) y ahí tenés que buscar algo parecido a vos misma. ¡Claro, que no sea como otro, porque ese otro no existe!". Agrega: "Cómo le voy a contar a mi hijo quién es su padre...?". Explico que no hay un padre, sino un donante de esperma.
La paciente lleva realizadas varias inseminaciones y no queda embarazada. "Estoy enojada y triste porque el tratamiento no funciona, Me enojo conmigo, por fallar, por el bebé y porque en este tiempo dejé de pensar en tener una pareja, las dos cosas juntas en mi cabeza no funcionan… Si tengo un hijo no me van a elegir. Me cuesta pensar en una familia de dos (el bebé y ella), porque no es lo que deseo".
En sesiones recientes, la paciente manifiesta haber decidido dejar de hacer tratamientos. Expresa que se siente más independiente y organiza, por primera vez, vacaciones con amigas. Compra unos terrenos cerca de su casa, donde ubica una guardería canina. "A pesar de todo no creo ser infeliz, tengo cosas sin resolver, pero vengo acá, tengo ganas de saber quién soy y si no me gusta, ser otra".
La paciente está atravesada por su posicionamiento sexuado, el cual determina la especificidad en el armado del deseo de hijo, donde la posibilidad de engendrar conmociona sus representaciones subjetivas.
Las fantasías que fueron apareciendo en torno a su cuerpo, a la feminidad y la maternidad, dan cuenta de las conflictivas vinculares e identificatorias, que se actualizan durante el proceso de fertilización que, así como la búsqueda de satisfacción pulsional, muestran puntos de fijación infantiles.
Para acceder a eso "femenino irrepresentable", lo equipara con la maternidad y por medio de las técnicas biomédicas de fertilización, busca un cambio real de su cuerpo, la panza, que la posicionaría como mujer. La conflictiva de la identidad femenina, tenía su base en la angustia frente a la diferencia de los sexos, pero parece ser que no solo genera angustia la diferencia anatómica, sino la vivencia castratoria ante el poderío paterno.
Trabajar como hombre y ser "un pibito más", eran sus significantes y manera de ser en el mundo, que la protegían de la degradación, pero al no ser varón la dejaban igual degradada y en falta. Carecía de identificaciones femeninas valoradas y solo conocía las exigencias compensatorias por no ser hombre.
Sofía intenta armar su proyecto identificatorio, respondiendo al deseo del padre, de donarle un hijo varón y al propio deseo de "parirle un hijo al padre", solo de esta manera parece acceder a una identidad de género. Por lo tanto, el deseo de hijo queda homologado al "destino femenino".
El acceso a las TRHA le permitía disociar sexualidad y procreación, pero cuando el embarazo no ocurre, la paciente vuelve a juntar sexualidad, pareja, y fertilidad y sus dificultades para constituir un vínculo de pareja , deja en evidencia la ausencia de sexualidad procreacional.
A medida que la paciente atravesaba las instancias del tratamiento de procreación asistida, surgía la pregunta por el lugar del padre y su función. Esto nos permitió trabajar sobre algunas cuestiones del enigma del origen sexual. Si tanto su madre como ella (por identificación) son incogibles, ¿dónde estaba su padre en la relación sexual? Y ¿dónde está ahora en su tratamiento de fertilidad? ¿Era posible ubicar a este padre en la fecundación sin la necesidad de referirnos al acto sexual?, si esto fuera posible, este hombre quedaría ubicado en el lugar de un Dios creador. Me preocupaba que, en el desarrollo de esa fantasía, Sofía quedara atrapada en el deseo incestuoso, tan limitante para su salida exogámica, así como para un posible embarazo.
La paciente se ha imaginado "un hijo", mucho antes de "querer" que éste existiera. Pero no era cualquier hijo, fantaseaba con un hijo varón que jugara con autitos. ¿Se estaba identificando con el deseo de su padre? ¿O se identificaba con ese niño varón? ¿Tenía que ser varón para completarla, para ganarle a su madre y a su padre, que se sienten insatisfechos por haber tenido una hija? ¿Varón para que ella pudiera jugar como un pibito? A partir del narcisismo, se encontraría a sí misma en ese hijo y en una parte idealizada de sí misma, no realizada.
¿Si Sofía no pudo satisfacer lo que se esperaba de ella, este hijo podría ser la ofrenda para dicha satisfacción? Podemos conjeturar que, desde el narcisismo, Sofía, se cree inferior por no sentirse mujer y desde la vertiente edípica se siente castrada -incompleta-, por no tener un hijo.
Por otra parte, se presenta otra encrucijada; el anonimato del genitor no logra tener la impronta "simbólica" necesaria, separada de la figura paternal y filiatoria. Por lo tanto, el lugar suprimido, deja espacio para la aparición del apellido de su propio padre, acrecentando la fantasía incestuosa.
Las ansiedades depresivas se hacían presentes por el temor al daño que implicaba dejar de ofrecerse como objeto de deseo y reconocerse como sujeto deseante. De diversas maneras la pregunta "¿lograré ser mujer?", insistía. Se debatía entre ser otra o seguir siendo lo mismo. En este sentido, el deseo de hijo se instalaba como un proyecto emancipatorio de su percepción masculina, así como el acceso a ciertas cualidades femeninas.
Sofía rechaza el modelo femenino aportado por su madre y odia la pasividad de ésta cuando es menospreciada por el padre. Esto la lleva a identificarse con los aspectos más valorados por su padre: esfuerzo, trabajo y utilidad. Las mujeres por fuera de su familia de origen son significadas como "putas" y "vagas. Pero ¿qué representan para Sofía esos significantes? Desandando sus representaciones, encontramos que la paciente, ve a estas mujeres como libres, deseantes y poseedoras de un «saber sexual» que ella desconoce. Sin estas cualidades, Sofía quedaba en un mundo infantil y endogámico.
La idea del ejercicio de la maternidad la remite a lo sacrificial y hogareño. Si la división sexual, se define como la prohibición de tareas según el sexo, ella quedaría excluida de su ámbito laboral. Quien hombrea bolsas en el puerto no puede maternar.
En las prácticas biomédicas se repetía la idea utilitaria de su cuerpo, un cuerpo que debía ser productivo, no solo a nivel laboral sino ahora para crear un hijo. ¿Hay un lugar preestablecido para Sofía, que no le permite habitar un cuerpo femenino y por lo tanto tampoco le permite gestar? ¿Su síntoma se juega entre el deseo de ser mujer y la defensa por serlo? La prohibición está puesta en una feminidad que se percibe como peligrosa.
Apoyada en desarrollos teóricos de diversos autores psicoanalíticos, intenté dar cuenta de algunas aproximaciones de sentido a la pregunta que guía este trabajo: ¿El deseo de hijo será la única manera posible en que una paciente en proceso de fertilización asistida acceda a la feminidad?
El análisis del material clínico tuvo en cuenta, el discurso epocal del que emergió, así como el concepto de género, el cual nos habilitó para comprender la dimensión simbólica de la feminidad y entender las desigualdades instauradas por los sistemas de poder patriarcal.
¿Cómo lograr el acceso a una feminidad adulta, desde la posición de niña? En la paciente se presentaba cierta dificultad, ya que se definía como un pibito. La trama que se desarrollaba a partir del deseo de hijo ponía en evidencia, la ilusión de que esa identidad femenina sería alcanzada solo a través de una "panza" y un hijo, y no como un desarrollo emocional subjetivante que acompañe ese proceso.
Desde las teorías de género, las sociedades elaboran, a partir de la diferencia anatomo-fisiológica, un conjunto de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores, que dan sentido a la relación entre las personas. A cada género se le proponen específicos modos de pensar, de desear y de comportarse, que determinan ideales y valores a alcanzar, instaurando diferencias para mujeres y varones.
La propuesta bio-tecnológica de los TRHA, mantienen vigentes las expectativas y mandatos procreacionales, disfrazados de respuestas satisfactorias para el deseo de hijo que toda mujer debería tener. En el caso de Sofía, la implementación de estas técnicas no solo remitía al hijo deseado, sino a una búsqueda de identidad y sentido de mujer.
La paciente continuaba atrapada en la trama edípica, culpando a su madre por no ser un verdadero varoncito, pero comportándose como tal, para satisfacción del padre. Parecía transitar el complejo de masculinidad, para huir de la culpa que el deseo del padre le provocaría, evitando al mismo tiempo, el sentimiento de inferioridad y la gran decepción al saberse mujer como su madre, pero no por la falta de pene, sino por las limitaciones que percibía en el accionar de ésta. Por identificación con la madre, usa los términos "incogible" y "poco femenina", lo cual le otorgan un yo desarticulado del propio ideal femenino, generándose un déficit narcisista.
Adhiriendo a la postura propuesta por David Maldavsky, la restitución del narcisismo se habría alcanzado a través de diversas operaciones realizadas por la paciente: idealización del objeto sexual; localización del Ideal del Yo en el padre; constitución de la masculinidad como Ideal del Yo, e identificación con el deseo masculino-paterno.
Con el surgimiento del deseo de hijo, las identificaciones masculinas que sustentan la identidad de Sofía se ponen en juego, ya que no se reconoce en ellas. La paciente se enuncia como "pibito" en un intento de liberarse de su conflictiva identitaria.
El diálogo interno, que mantiene la paciente, parece girar en torno a: ser un varoncito, y de esa forma sentirse completa, o ser una madre con su hijo y de esa manera estar completa. La idea de completud nunca queda ubicada del lado de la mujer, ya que la definía un sentimiento de insuficiencia. ¿Por qué toma Sofía el camino de la identificación femenina a través de la maternidad? Al alcanzar el ideal de maternidad, creía habilitado el acceso a la identidad femenina, que sólo parece consolidarse a partir de la llegada del hijo; es decir: se es mujer en tanto madre.
Desde mi perspectiva, el deseo de hijo está dentro de las profundas representaciones deseantes por el valor del ideal que en sí mismo conlleva, y hace que la maternidad se transforme en ideal superyoico de carácter infantil y al mismo tiempo aterrador.
A partir de la utilización de las TRHA se reactualizaron las fantasmáticas pre-edípicas y edípicas que ponían en "escena" la ilusión de la realización de las fantasías más arcaicas, las teorías sexuales infantiles y los deseos reprimidos. Al mismo tiempo, se reactivaba la conflictiva edípica, la prohibición del incesto y las construcciones narcisistas. El acceso a dichas técnicas actuaba como prótesis ante la pareja faltante, lo que implícitamente hacía suponer que el encuentro sexual con un hombre era solo con fines reproductivos y la función de la mujer solo gestacional. La ausencia del coito parental generaba la ilusión de autoengendramiento, con su correspondiente sentimiento de omnipotencia. Así, las TRHA, disocian no sólo sexualidad y reproducción, sino también concepción y filiación. Se intentaba revestir con un sentido de paternidad a un donante anónimo de esperma, forzando, de esta manera, el ingreso de un tercero imaginario, que rompiera con la urdimbre endogámica. Era tarea del analista, develar las intrincadas formas que tomaba el deseo inconciente y promover, mediante señalamientos y construcciones, la simbolización necesaria.
En el médico de las TRHA se delegaba la omnipotencia procreacional de un Dios. Así, Sofía pone al biólogo en el lugar de un personaje todopoderoso, sustitutivo del padre, que la castiga no embarazándola. La fantasía castratoria quedaba consumada, ahora en manos del médico, y en un cuerpo que ya "no es joven para procrear".
Ante cada fallido tratamiento, se producía un derrumbe yoico. El hijo no creado, era el representante de una mujer no constituida. La causa de tal imposibilidad para concebir podía quedar asociada al temor inconsciente de tener que aceptar su condición de mujer y el resentimiento que le genera su papel femenino, ya que un hijo sería la prueba irrefutable de que no es, ni será varón.
La satisfacción de su anhelo de hijo no definía el deseo de maternar, lo cual demostraba que, aunque la voluntad de hijo era declarada, el deseo de hijo parecía no coincidir u ocultar algo de dicha manifestación. Sofía entra en un laberinto al visualizar otras identidades femeninas, en las que reconoce nuevos ideales y experiencias. Es, en esos momentos, en que la paciente puede percibir las diferencias en las diversas modalidades del ser mujer, y en que aparece la ambivalencia sobre el deseo de hijo, donde queda cuestionada la identidad materna como única opción con valor narcisista.
¿Cómo hacer para transicionar de "un pibito-niña" a una mujer adulta? En el análisis se trabajó la posibilidad de desidentificarse de ambos padres y empezar a reconocer sus aspectos más originales. Propuesta que tiende al ser mujer sin ser su madre, ni una madre y que implica el deshacimiento del padre en cuanto a valor masculino.
La solución de compromiso se hacía presente: sus deseos -que sentía como perturbadores-, podían ser admitidos en la conciencia a través del deseo de hijo. Mediante la satisfacción de este deseo, cumpliría con uno más profundo, el logro de su feminidad.
La paciente se enuncia como "pibito" en un intento por liberarse de su conflictiva identitaria, lo cual la deja del lado de los varones. Como analista, me planteaba no tomar dicha frase como premisa indiscutible. Por otro lado, debía diferenciar las angustias de castración y las encerronas edípicas, de las creencias y mandatos colectivos de género.
Con el transcurso del análisis, se percibe la ruptura y cambio de paradigma en los sentidos del que disponía para acceder a una posición subjetiva deseante. El deseo de feminidad no ha quedado sepultado en la ecuación mujer-madre; sino que es revelado durante el análisis. Es un proceso doloroso, que habilita una oportunidad para ser alguien distinto, generando un puente entre el pibito que fue y la mujer que será. La construcción de su identidad se configuraba entonces, como un proceso entre imposición social y creatividad subjetiva.
La tarea clínica, giraba en torno a ayudarla a deshacerse de esas construcciones imaginarias que la dejaban detenida en puntos de fijación pre-edípicos y edípicos y prejuicios de género.
El análisis permitió que la paciente pudiera alojar la ambivalencia sin quedar aplastada por ella, reconocer que querer un hijo no equivale a querer completud, y que en ese querer siempre se juega "otra cosa". El destino femenino se fue configurando, entonces, no como cumplimiento de un mandato, sino como un proyecto abierto, donde la maternidad no es garantía ni sustituto, sino una posibilidad entre otras para inscribirse en su propio deseo.
Sofía desea un destino de mujer, y parece dispuesta a emprender ese desafío.