Una revista de la Asociacion Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

Pertene(ser) o no ser

En este artículo el autor indaga sobre el proceso del desarrollo normal de la adolescencia, el lugar que ocupan los grupos de pares en el duelo de la infancia y la importancia de estos como anclaje identitario. Partiendo de este análisis, identifica cómo y por qué la necesidad de pertenencia grupal se ha extendido vorazmente a la adultez.

Resumen: El presente trabajo indaga en la necesidad del mundo adulto de pertenecer a grupos y las posibles causas que la motivan. Descripto como un proceso del desarrollo normal de la adolescencia, la inserción a grupos le brinda un importante anclaje identitario, en tiempos de reestructuración narcisista. Abandonadas las viejas identificaciones infantiles, el adolescente encuentra en el grupo, apoyatura suficiente para sostener sus aspectos identitarios y no sentirse precozmente solo frente al mundo. Así, estos procesos, parecieran extenderse al mundo adulto, repitiendo patrones de inclusión - exclusión adolescente que denotarían armazones yoicos fragilizados.

Palabras claves: Pertenencia - Grupos - Narcisismo - Identidad


Desarrollo de las ideas

Lucas inicia una de las tantas sesiones, narrando sus infructuosos intentos del fin de semana para "encajar" en un grupo de compañeros de clase, del cual anhela desde hace mucho tiempo, ser parte. Lucas tiene 18 años y da cuenta de un padecimiento, originalmente adolescente, que se ha extendido a otras franjas etáreas, casi con la misma intensidad: una fuerte necesidad de pertenencia a grupos, so pena de quedar diluido en la identidad y el reconocimiento.

La necesidad de pertenencia a grupos, forma parte del desarrollo normal del adolescente. Éste, empujado por su proceso identificatorio, redobla la apuesta social, inherente a la especie humana, y hace del grupo de pares su primer entorno relacional, desplazando al familiar de sus prioridades. Si bien sus figuras parentales supieron ubicarse en el lugar del ideal, como figuras protectoras y de sostén, la nueva posición adolescente determinará su destierro y la subrogación por el grupo de amigos.

La desidealización de las figuras parentales que lleva a cabo el adolescente, acarrea el riesgo de ser invadido por una fuerte angustia de desvalimiento, frente a un mundo percibido aún como inabarcable y ciertamente hostil. La pertenencia a un grupo de pares, le devolverá la vivencia de sostén y cuidados, al tiempo que le proveerá de una identidad provisoria, necesaria en la lenta tarea de la construcción de su nueva identidad adulta que lo ocupará en sus próximos años. Lo primero que se responde el adolescente es quién ya no es, ese duelo por la identidad infantil que tan bien describió Aberastury2. Es entonces, el grupo quién lo rescatará de angustias muy primarias vinculadas a lo identitario, y le dará nombre a ese Yo en pleno reciclaje. Es la etapa de los apodos, las tribus urbanas y de los nombres en los grupos. El círculo de pares rebautiza a un Yo desprovisto de viejos ropajes infantiles y le brinda un estamento nuevo.

En tal sentido, el adolescente atraviesa algunos rituales de iniciación al grupo. Se abandona circunstancialmente el nombre de pila y pasa a llamarse de una manera inédita, cuya lógica muchas veces es comprendida únicamente por los miembros del propio grupo. Sus viejos usuarios de videojuegos o entreveradísimos juegos de palabras concatenadas o asociadas, pueden erigirse en sus nuevos apodos. El propio grupo adquiere nombre y en algunos casos la identificación es aún más amplia y masiva y se transforma en tribu urbana. En todos los casos, lo característico del grupo en la adolescencia es brindar esa identidad transitoria, que le permita la elaboración narcisista; esa reorganización yoica, costosa y gradual, preparatoria y necesaria para su ingreso en la adultez.

La clínica con adolescentes nos da la oportunidad de observar algunos rasgos particulares de la pertenencia a grupos en estos tiempos. A la ya conocida dinámica del líder y la identificación con este, tan bien descripta por Freud3, se añaden ciertas características propias de las redes sociales. Por un lado, un mayor cerramiento y rigidez en cuanto al ingreso al grupo, con procesos de admisión más difíciles para quien se quiera integrar. Por otro lado, una identidad grupal que no estará solamente erigida en quién lo integra, sino, y a veces fundamentalmente, en quién no está en el grupo. Esto se convierte en una dinámica cruel para aquel adolescente solitario, que busca y necesita pertenecer, pero a quien las puertas de la inserción a determinados ámbitos no se le abren.

Otro elemento epocal de la dinámica de grupos en la adolescencia, probablemente influido por la dinámica de redes hace a la cantidad de amigos. Pareciera que no basta un grupo de tres o cuatro, si no que la lógica actual los lleva a una necesidad de muchos amigos, como si en la cantidad y popularidad estuviera el genuino reconocimiento. El adolescente con un pequeño grupo de pertenencia correrá el riesgo de verse a sí mismo solo o apartado. La dinámica de redes sociales, instala la idea de que a mayor cantidad de Followers, mayor popularidad y reconocimiento. En síntesis, otra expresión de la fragilidad narcisista y la inagotable búsqueda de miradas que aporten al fallido proceso de subjetivación: "arena entre los dedos" al decir de un paciente describiendo la vivencia de grandiosidad producto de una noche de éxitos en el boliche.

Como destacamos anteriormente, esta identidad que brinda el grupo, es transitoria, en tanto brindará soporte narcisista durante el tiempo de reorganización del Yo, perdiendo su peso específico a medida que avance el proceso de fortalecimiento del propio sujeto. Esta catexia volverá gradualmente al Yo, y el grupo de pares perderá, muy de a poco esta función identitaria. Algo parecido a lo que ocurre en el proceso de desinvestimiento del objeto transicional4. Éste, quien cumple una importante función en la elaboración de la separación de los padres por parte del pequeño niño, en la medida que este crece, dejará de portar esta carga libidinal para convertirse en un objeto más5. Pasará a ocupar un lugar en el estante de juguetes junto a los otros. De esta misma manera, podríamos decir que el grupo de pares no necesariamente se pierde en la adultez, pero dejará de poseer esa carga emotiva propia del proceso adolescente.

Hemos visto necesario realizar este recorrido por la función del grupo de pares en la adolescencia normal, para poder echar algo de luz en el fenómeno de la grupalidad en nuestros días, en sentido amplio, bajo la sospecha que mantienen algunos nexos entre sí. En este punto nos preguntamos por qué la necesidad de pertenecer a grupos, ha trascendido al fenómeno adolescente y se ha extendido vorazmente a la adultez.

En la práctica clínica nos encontramos con pacientes de mediana edad que han transformado el colegio de sus hijos en lugar de pertenencia personal, a través del deporte, la música o tareas de asistencia social. Son padres que encuentran en la institución educativa el eje de su nueva dinámica vincular, conformando con otros padres, grupos de reuniones los fines de semana, vacaciones y viajes, que trascienden por lejos el motivo original de su encuentro. A veces como causa y otros como consecuencia conforman grupos de whatsapp con nombre propio, y con intensa interacción diaria.

Pero los nuevos adultos, no sólo conquistan los espacios educativos de sus hijos para beneficio propio, sino que direccionan esta necesidad de pertenencia hacia múltiples lugares: gimnasios y cultos religiosos son otros ámbitos que pueden transformar su objetivo inicial, aquello que dio origen a su incursión, en un nuevo grupo de referencia. Si en otros tiempos las tribus urbanas eran pura creación del mundo adolescente, hoy por hoy también lo son del mundo adulto: los runners, ciclistas, fitters, nadadores, por decir algunos rubros del deporte que evidencian esta pertenencia. Y la lista se amplía a organizaciones religiosas, sociales, políticas que expresan cierta identidad de grupo, cuyo sentido original queda por momentos diluido, cuando no perdido.

Estos adultos aglutinados en grupos de pertenencia nos remiten a los mismos mecanismos puestos en juego en la adolescencia, sufriendo las mismas angustias que surgen cuando no se es parte. El "Fear Of Missing Out" también los atraviesa. Adultos preocupados y ansiosos de estar perdiéndose de algo, de no ser tenidos en cuenta, de sentirse excluidos o quedar por fuera. La pertenencia al grupo, bajo la premisa de brindar un espacio y un tiempo donde desplegar un interés personal, se transforma rápidamente en un grupo de intercambio diario de mensajes, encuentros sociales y nuevos mejores amigos (B.F.F. de los adolescentes).

Inmersos en una época donde la adolescencia parece extenderse indefinidamente y los adultos, fragilizados, no terminan de ocupar su posición de tales, esta necesidad de pertenencia, parece ser otra expresión sintomática. Tal como rastreamos al hablar de la adolescencia normal, el grupo brinda una identidad transitoria, y lo mismo podría aplicarse a los adultos envueltos en esta dinámica. En tiempos de un narcisismo exacerbado que denota estructuras yoicas precarias, la necesaria ligazón al grupo se vuelve sostén primario. Opera la necesidad por sobre el deseo, en tanto lo urgente es ser parte de un entramado que brinde una identidad.

Destacamos, al describir las vicisitudes adolescentes, que esta identidad que ofrece el grupo es transitoria y está destinada a la pérdida de esa carga de afecto no bien avance la reestructuración yoica. Los procesos adultos contemporáneos evidencian al menos fallas en este proceso, con identificaciones lábiles e identidades transitorias, que llevan a pensar que lo estable en estos tiempos es una sucesión de elementos perecederos. Esta característica epocal se anuda de manera coherente con el amor líquido que describe Bauman6, en tanto la solidez yoica se ha mudado en estructuras narcisistas endebles, necesitadas de apuntalamientos externos, como el grupo, que den nombre e identidad al menos por un tiempo.

El ser humano es un ser social por naturaleza. Ha debido resignar aspectos individuales para formar parte del colectivo, bajo la promesa de otras satisfacciones. El encuentro con otro y las producciones culturales, por decir algunas, se transforman en elementos que sostienen ese anhelo social y que permiten asumir el costo de aquello individual que se resigna7. Sin embargo, el fenómeno de la pertenencia a grupos, más reciente, pareciera sostenerse más en la necesidad que en el deseo. Por momentos es más palpable la angustia de quedar por fuera que el disfrute del estar dentro.

En esta búsqueda incesante de pertenencia, el adulto moderno se transforma en nómade grupal. Explora diferentes ámbitos, buscando una satisfacción y plenitud que no terminan de llegar nunca. Cierta vivencia de soledad y vacío, tan características de la clínica contemporánea acecha permanentemente. Es que no hay objetos del mundo exterior que puedan suplir la genuina compañía de objetos internos benignos. Un Yo suficientemente bien organizado, poblado de objetos cuidadores, prescindirá de los grupos numerosos para lograr esta vivencia de sentirse acompañado. Por el contrario, esta incansable búsqueda de pertenecer y no quedar por fuera, remite indefectiblemente a procesos yoicos precarios, que buscan en el afuera una vivencia de compañía que solamente podrá reconstruirse desde la intimidad del encuentro con uno mismo.

Notas

1 Martín Gossweiler es psicólogo a nivel educacional y clínico, Magister en Psicoanálisis (AEAPG) y docente de la maestría en clínica de niños y adolescentes (UCU - Montevideo). Se encuentra cursando el doctorado en Psicología en U.C.E.S. (Argentina). Reside en Montevideo, Uruguay. Mail: margossweiler@gmail.com.

2 Aberastury, A., Knobel, M. 1994.

3 Freud, S., 1995.

4 Winnicott, D.W., 2004.

5 Ogden, T., 1989.

6 Bauman, Z., 2005.

7 Freud, S., 1995.

Referencias bibliográficas
  • Aberastury, A. y Knobel, M. La adolescencia normal. Paidós, 1994.
  • Bauman, Z. Amor líquido. FCU, 2005.
  • Freud, S. Psicología de las masas y análisis del Yo (1921). En Obras Completas, tomo XVIII. Amorrortu, 1995.
  • Freud, S. El malestar en la cultura (1930). En Obras Completas, tomo XXI. Amorrortu, 1995.
  • Ogden, T. La matriz de la mente. Tecnipublicaciones, 1989.
  • Winnicott, D.W. Realidad y juego. Gedisa, 2004.