Una revista de la Asociacion Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

Masculinidades hegemónicas en transición: Duelo, narcisismo y backlash ante la caída del ideal patriarcal

Síntesis de la tesis de Maestría en Psicoanálisis, Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG), en convenio con la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), defendida el 8 de agosto de 2025.
Directora: Mag. Graciela Reid
Jurado: Dra. Patricia Akolombre, Mag. Lucila de la Serna y Mag. Sandra Vorobechik.

Introducción

Las transformaciones contemporáneas en las relaciones de género han producido una desestabilización significativa del modelo de masculinidad hegemónica. Lejos de tratarse únicamente de un fenómeno sociopolítico, esta crisis compromete identificaciones profundas, ideales del yo y configuraciones narcisistas que estructuran la subjetividad masculina.

En este artículo presento los desarrollos centrales de mi tesis "Masculinidades hegemónicas en transición: reflexiones sobre el duelo frente a la caída de ideales de la posición de poder patriarcal" (Bergagna, 2025), proponiendo una lectura metapsicológica del malestar que emerge en algunos varones ante la pérdida real y simbólica de privilegios históricamente naturalizados.

Desde una articulación entre psicoanálisis y estudios de género, examino los procesos de duelo, los mecanismos de resistencia, las manifestaciones contemporáneas —como el backlash— y las posibilidades de resignificación subjetiva. A partir de viñetas clínicas y de un marco teórico que integra a autores como Freud, Connell, Butler y Segato, me propongo pensar la crisis de la masculinidad hegemónica como un trabajo de duelo que interpela tanto al sujeto como al lazo social.

La urgencia clínica de pensar las masculinidades

Las últimas décadas han sido escenario de una transformación profunda en el orden sexo-género. Los feminismos y los movimientos LGBTQ+ han cuestionado las bases del sistema heteropatriarcal, desnaturalizando privilegios históricamente invisibilizados.

En este contexto, la masculinidad hegemónica, conceptualizada por Connell (2007) como aquella configuración que legitima la dominación masculina y subordina otras masculinidades, se encuentra en un proceso de desestabilización. Este proceso no se agota en lo discursivo ni en lo institucional, sino que impacta directamente en la subjetividad de los varones cis1 que fueron socializados bajo el ideal del proveedor, del fuerte, del autosuficiente, del invulnerable.

La tesis parte de una pregunta central: ¿qué mecanismos psíquicos entran en juego cuando los varones comienzan a perder, o a cuestionar, posiciones de poder que habían sido constitutivas de su identidad? Lejos de suponer una respuesta homogénea, el trabajo clínico muestra un espectro amplio de reacciones que van desde angustia, desorientación, resentimiento, culpa, actos impulsivos, retraimiento o apertura reflexiva. Esto confirma que la crisis de la masculinidad hegemónica no puede leerse únicamente como reacción ideológica, sino como fenómeno que compromete identificaciones primarias, ideales del yo y narcisismos.

Estudiar esta problemática se vuelve relevante por al menos tres motivos fundamentales. En primer lugar, por el aumento de malestares subjetivos vinculados a la vivencia de pérdida de lugar que experimentan algunos varones en el contexto de las transformaciones actuales de los vínculos y de las configuraciones de género. En segundo lugar, por la emergencia de discursos reactivos que, en muchos casos, expresan distintas formas de backlash frente a dichos cambios. Finalmente, por la necesidad de construir dispositivos clínicos que puedan acompañar procesos de resignificación subjetiva sin patologizar las transformaciones en curso.

Masculinidad hegemónica y orden hetero-patriarcal-capitalista

En el primer capítulo de la tesis se sitúa la masculinidad hegemónica en el entramado hetero-patriarcal-capitalista. Tomando la noción de hegemonía de Gramsci (2002), se entiende que el poder masculino no opera exclusivamente por coerción, sino por consenso cultural. La hegemonía masculina se presenta como natural, atemporal y universal. Sin embargo, es el resultado de un proceso histórico que articula producción económica, división sexual del trabajo y organización simbólica del deseo.

Desde el psicoanálisis, particularmente en textos de Freud como El yo y el ello (1923) y El malestar en la cultura (1930), puede pensarse que la internalización de la ley y la constitución del superyó están atravesadas por la primacía de la figura paterna como representante de la autoridad. La identificación primaria con el padre, como ideal y como portador de la ley, no es neutra desde el punto de vista de género. La centralidad simbólica del padre se articula históricamente con el privilegio masculino en la organización social.

En diálogo con Judith Butler (2007), se subraya el carácter performativo del género: la masculinidad no es esencia sino reiteración normativa. Las frases "los hombres no lloran" o "hay que hacerse hombre" funcionan como actos performativos que producen subjetividad, regulando afectos y delimitando lo posible. La masculinidad hegemónica, entonces, no es simplemente un conjunto de atributos (fuerza, racionalidad, potencia sexual), sino un dispositivo de poder que organiza jerarquías entre varones y legitima la subordinación de lo femenino.

Relaciones de género, superyó y ejercicio del poder

En el segundo capítulo abordo las relaciones de género como escenario de ejercicio del poder. Desde la infancia, los varones son socializados para ocupar posiciones de liderazgo y control. Esta socialización no es externa al psiquismo, inscribiéndose en el superyó como mandato.

El superyó masculino, estructurado en torno a ideales de rendimiento, éxito y dominio, puede volverse especialmente cruel. La exigencia de no mostrar debilidad, de sostener la provisión económica o de garantizar potencia sexual configura una economía psíquica donde la vulnerabilidad queda reprimida.

Acá el narcisismo ocupa un lugar central. El ideal viril funciona como sostén narcisista y su cuestionamiento se vive como injuria. Cuando la posición de privilegio se erosiona —por transformaciones económicas y sociales, como el avance de los feminismos, por cambios en la organización familiar, entre otros—, el yo puede experimentar una caída en su consistencia imaginaria. En términos freudianos, el sujeto se enfrenta a una pérdida del ideal. Pero a diferencia del duelo por un objeto amado, aquí lo que se pierde es una posición de poder que estructuraba la identidad.

Mecanismos psíquicos frente a la pérdida de privilegios

Mi investigación me llevó a analizar cuáles son los procesos psíquicos que se ponen en juego en algunos varones ante el cuestionamiento contemporáneo de la masculinidad hegemónica. A partir de conceptos psicoanalíticos como narcisismo, identificaciones y principalmente el trabajo del duelo, se explora cómo la pérdida de privilegios históricamente asociados al orden patriarcal puede ser vivida como una herida narcisista que amenaza la cohesión del yo.

La masculinidad hegemónica ha funcionado durante largo tiempo como un ideal organizador de la identidad masculina. Cuando este ideal comienza a resquebrajarse en el plano social y cultural, algunos varones experimentan una sensación de desorientación o pérdida de lugar. En estos casos, la caída de los referentes tradicionales puede generar respuestas defensivas orientadas a reafirmar los mandatos masculinos clásicos, reforzando identificaciones previas frente a la amenaza de su debilitamiento.

Estos procesos pueden comprenderse como momentos de tensión entre la persistencia de identificaciones históricamente consolidadas y la emergencia de nuevas configuraciones simbólicas en las relaciones de género. Cuando el trabajo de duelo por los ideales tradicionales no logra realizarse, pueden activarse mecanismos defensivos que buscan restituir la estabilidad narcisista mediante la reafirmación del orden conocido.

No obstante, la crisis de la masculinidad hegemónica también puede abrir la posibilidad de transformaciones subjetivas. En la medida en que el varón logre elaborar la pérdida de ciertos ideales, se habilita la posibilidad de desinvestir identificaciones previas y construir nuevas formas de posicionamiento subjetivo, menos dependientes de los mandatos tradicionales de género.

Duelo, narcisismo y mecanismos defensivos

Me propuse profundizar la lectura de los procesos subjetivos implicados en las transformaciones contemporáneas de la masculinidad. Para ello retomo algunos conceptos centrales del psicoanálisis, particularmente los desarrollos de Freud en Duelo y melancolía (1917), donde describe el duelo como un trabajo psíquico a través del cual la libido debe retirarse progresivamente del objeto perdido. Aquello que se pierde es un ideal cultural: el ideal patriarcal de masculinidad que durante largo tiempo organizó las identificaciones masculinas y sostuvo determinadas posiciones de poder, autoridad y reconocimiento social.

Plantear que la crisis de la masculinidad hegemónica puede pensarse como un proceso de duelo colectivo y subjetivo. La renuncia a ese ideal implica un trabajo psíquico complejo. En primer lugar, supone desarmar identificaciones tempranas construidas alrededor de modelos tradicionales de virilidad. Estas identificaciones, muchas veces sostenidas por mandatos familiares y culturales, funcionaron históricamente como organizadoras del narcisismo masculino. En segundo lugar, implica revisar los llamados "pactos de masculinidad", es decir, aquellas alianzas implícitas entre varones que sostienen jerarquías de género y formas de reconocimiento mutuo basadas en la reproducción de la hegemonía masculina. Finalmente, este trabajo de duelo exige aceptar la pérdida de ciertas posiciones de omnipotencia asociadas al ideal patriarcal, lo cual confronta al sujeto con límites y vulnerabilidades que habían sido tradicionalmente desmentidos.

Ahora bien, como ocurre en todo proceso de duelo, este movimiento de desinvestidura no se produce sin resistencias. En la clínica contemporánea se observa con frecuencia distintas modalidades defensivas que buscan evitar o postergar este trabajo psíquico. Una de ellas es la desmentida, que se expresa en discursos que niegan la existencia misma de los privilegios masculinos o relativizan las desigualdades de género. Otra forma frecuente es la proyección, mediante la cual el malestar generado por la pérdida de privilegios se transforma en la percepción de que los varones serían ahora los verdaderos discriminados. También aparecen actos impulsivos a través de la violencia, en las que la reafirmación defensiva de la virilidad funciona como intento de restaurar simbólicamente una autoridad percibida como amenazada. En otros casos se observa una culpabilización paralizante que, lejos de habilitar una elaboración subjetiva de la responsabilidad, conduce a posiciones de inhibición que dificultan cualquier proceso de transformación.

A partir de este marco conceptual propongo leer el fenómeno del backlash no solamente como un proceso político o cultural, sino también como una formación reactiva frente a la angustia que produce la pérdida del ideal patriarcal. Las reacciones conservadoras, la hostilidad frente a los avances de los movimientos feministas o la intensificación de ciertos discursos antifeministas pueden comprenderse, en este sentido, como intentos defensivos de restituir un orden simbólico que garantizaba determinadas formas de estabilidad narcisista. El backlash aparece entonces ligado a la desestabilización de identificaciones profundamente arraigadas, mostrando cómo las transformaciones sociales contemporáneas interpelan de manera directa las economías libidinales y los equilibrios narcisistas de los sujetos.

Esta perspectiva permite complejizar la lectura de los conflictos actuales en torno a la masculinidad, situando en primer plano las dimensiones inconscientes que atraviesan tanto las resistencias al cambio como las posibilidades de elaborar nuevas configuraciones subjetivas. El trabajo de duelo por los ideales patriarcales no implica solamente una pérdida sino también, la apertura de un campo posible para la construcción de formas de masculinidad menos rígidas, capaces de tramitar la vulnerabilidad, la interdependencia y la transformación de los vínculos de género.

Backlash y pedagogía de la crueldad

Analizar los discursos y prácticas que emergen como respuesta a la crisis de la masculinidad hegemónica en el contexto contemporáneo resulta de gran importancia. En particular, se examina el fenómeno del backlash, entendido como una reacción defensiva frente a los avances en materia de igualdad de género y al cuestionamiento de los privilegios históricamente asociados a la posición masculina. Estas reacciones no constituyen hechos aislados, sino que se inscriben en estrategias culturales y discursivas orientadas a preservar las jerarquías tradicionales de género.

Es interesante el aporte de Rita Segato para pensar cómo ciertas formas de violencia pueden funcionar como una "pedagogía de la crueldad". Se trata de actos que no solo producen daño en la víctima directa, sino que también transmiten un mensaje disciplinador al conjunto social, reforzando los límites de lo tolerable dentro del orden patriarcal. De este modo, la violencia se convierte en un dispositivo simbólico que busca restaurar o reafirmar posiciones de poder que aparecen amenazadas.

Dentro de estas dinámicas se inscriben también expresiones como el denominado posmachismo, que adopta discursos aparentemente igualitarios para sostener, de manera encubierta, las estructuras patriarcales. Bajo la retórica de la "neutralidad" o de la "igualdad ya alcanzada", estos posicionamientos intentan deslegitimar las demandas feministas y reinstalar la idea de que los cambios en las relaciones de género constituyen una amenaza para la identidad masculina.

Desde una perspectiva psicoanalítica, estas respuestas pueden comprenderse como formas de resistencia narcisista frente a la pérdida de posiciones históricamente garantizadas. Cuando el trabajo de elaboración subjetiva no se produce, el resentimiento masculino puede convertirse en un organizador identitario, dando lugar a narrativas en las que el varón aparece como víctima del cambio cultural. En estas construcciones discursivas se invisibiliza la dimensión estructural de los privilegios de género, transformando la redistribución simbólica del poder en una experiencia vivida como agravio o humillación.

En la clínica, estos discursos suelen presentarse como expresiones de agravio narcisista frente a la pérdida de centralidad simbólica. Sin embargo, más que indicar la desaparición del modelo hegemónico, estas reacciones evidencian el carácter conflictivo de su transformación. El análisis del backlash permite así comprender cómo las masculinidades hegemónicas se defienden, se reconfiguran y disputan su lugar en un escenario social atravesado por profundas transformaciones en las relaciones de género.

Masculinidades en transformación: rupturas, resistencias y alternativas

El capítulo final de la tesis se orienta a pensar las posibilidades de transformación de la masculinidad en el contexto contemporáneo, marcado por el cuestionamiento creciente al orden patriarcal. En este escenario, la denominada masculinidad hegemónica, históricamente asociada al ejercicio del poder, la heterosexualidad normativa y la centralidad simbólica del varón, comienza a ser interrogada desde los movimientos feministas, los estudios de género y las experiencias subjetivas de muchos varones.

La emergencia de discursos sobre "nuevas masculinidades" o "masculinidades plurales" expresa este proceso de revisión crítica. Dichas perspectivas buscan deconstruir los mandatos tradicionales de género y promover formas de relación más igualitarias e inclusivas. Sin embargo, este tránsito no se produce sin tensiones: implica un proceso de elaboración subjetiva en el que los varones deben confrontarse con la pérdida de ciertos privilegios históricamente naturalizados. En este sentido, la transformación de la masculinidad puede ser pensada también como un trabajo de duelo frente a la caída de ideales patriarcales que durante mucho tiempo organizaron la identidad masculina.

Desde esta perspectiva, la deconstrucción de la masculinidad no constituye únicamente un ejercicio teórico, sino también una práctica política y subjetiva que cuestiona las jerarquías de género y las relaciones de poder que las sostienen. Los varones que se reconocen en procesos de "deconstrucción" comienzan a interrogar sus propias prácticas, discursos y posiciones dentro del sistema patriarcal, reconociendo cómo los privilegios asociados a la masculinidad han impactado históricamente en sus vínculos y en la organización de la vida social.

Un aporte relevante para comprender estas transformaciones proviene de la noción de performatividad del género. Es decir que el género no constituye una esencia fija ni una propiedad natural del sujeto, sino una construcción que se produce a través de la repetición de actos y normas socialmente reguladas. La masculinidad, en este sentido, no es una identidad estable sino una práctica performativa que puede ser reiterada, desviada o transformada. Esta concepción abre la posibilidad de pensar nuevas formas de habitar lo masculino, alejadas de los imperativos tradicionales del "macho" hegemónico.

Diversos espacios sociales y culturales, como el arte o la producción académica entre otras, se constituyen en territorios privilegiados para la exploración de identidades masculinas más flexibles y plurales. Estas experiencias permiten cuestionar la rigidez de la heteronorma y habilitar formas de subjetividad que integren dimensiones afectivas, sensibles y relacionales históricamente relegadas dentro del modelo masculino tradicional.

Las transformaciones de la masculinidad deben comprenderse como procesos históricos, subjetivos y culturales atravesados por relaciones de poder. La resignificación de la masculinidad hegemónica no implica la desaparición de los conflictos, sino la apertura de un campo de interrogación donde los varones pueden comenzar a elaborar nuevas formas de vincularse consigo mismos y con los otros. Es la incomodidad la que genera el cuestionamiento de los mandatos tradicionales y que puede constituirse en un punto de partida para la construcción de masculinidades más diversas, inclusivas y reflexivas.

Conclusión hacia una clínica del duelo masculino

A lo largo del trabajo se puede ver que la crisis actual de la masculinidad hegemónica no puede comprenderse únicamente como un fenómeno cultural o político, sino que involucra procesos subjetivos profundos. Este cuestionamiento produce efectos que no solo se expresan en el plano discursivo o social, sino también la economía psíquica de los sujetos.

Propongo pensar el momento actual como una coyuntura histórica en la que se vuelve necesario elaborar el duelo por ciertos ideales patriarcales que estructuraron las identificaciones masculinas. Tal como desarrollé en los capítulos anteriores, la pérdida de estos referentes no se tramita de manera lineal, sino que conviven procesos de transformación, intentos de resignificación y también reacciones defensivas que buscan restaurar el orden anterior. Las expresiones de backlash pueden ser leídas como manifestaciones de esas resistencias frente a la desestabilización de los equilibrios narcisistas que sostenían la masculinidad tradicional.

Los desafíos centrales para el psicoanálisis consisten en acompañar estos procesos de transformación sin reducirlos a categorías patologizantes, ni negar los conflictos subjetivos que generan. En otras palabras, se trata de pensar dispositivos clínicos capaces de alojar el malestar que emerge cuando los ideales que estructuraban la identidad comienzan a perder consistencia. Esto implica revisar ciertos supuestos teóricos heredados de la tradición psicoanalítica, a fin de poder dialogar de manera más productiva con los aportes de los estudios de género y las perspectivas contemporáneas sobre las masculinidades.

La clínica puede constituirse en un espacio privilegiado para la elaboración de nuevas configuraciones subjetivas. El trabajo analítico puede favorecer la posibilidad de tramitar las pérdidas implicadas en la transformación de los ideales masculinos, habilitando procesos de resignificación que no se apoyen en la restitución defensiva de la virilidad tradicional. Esto abre a pensar masculinidades menos sostenidas en la lógica de la dominación, más abiertas a la vulnerabilidad, al reconocimiento de la interdependencia y a la construcción de vínculos más igualitarios.

Surge la necesidad de seguir explorando las articulaciones entre psicoanálisis y estudios de género, profundizar el análisis de las formas contemporáneas de malestar vinculadas a las transformaciones de la masculinidad y continuar interrogando el lugar de las nuevas tecnologías y de las redes sociales en la configuración de las identificaciones masculinas actuales. Considero que estas dimensiones constituyen un campo fértil para seguir pensando cómo se reconfiguran hoy los modos de ser varón en un contexto histórico atravesado por profundas transformaciones culturales.

Notas
  1. CIS: Persona cuya identidad de género coincide con el sexo que le fue asignado al nacer. Es decir, si a alguien se le asignó masculino al nacer y se identifica como varón, o femenino al nacer y se identifica como mujer, se la considera cisgénero.
Referencias bibliográficas
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