Una revista de la Asociacion Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

Lecturas sobre la subjetividad contemporánea

A partir de la premisa de que toda subjetividad es constitutivamente efecto de lo contemporáneo, el autor nos invita a reflexionar, desde la mirada del psicoanálisis implicado, acerca de las tensiones entre el deseo y los mandatos en la época del algoritmo. Nos advierte sobre la sofisticación de la cultura represora que, a través de la digitalidad y la inteligencia artificial, arrasa con la singularidad, la creatividad y los sistemas vinculares humanos, produciendo así, sujetos aislados, resignados, y desanimados para cualquier rebelión posible contra la esclavitud.

Ante todo, agradezco la invitación a escribir en esta prestigiosa revista. Especialmente a la Lic. Cabuli y a la Lic. Rodríguez Rossi.

Considero que siempre es necesario explicitar el ECRO (o sea el Esquema Conceptual Referencial y Operativo) según la propuesta de Enrique Pichon Rivière. Entiendo que la propuesta de la Revista tiene dos anclas conceptuales que conviene poner en superficie. No siempre, o casi nunca, decimos lo mismo, aunque usemos las mismas palabras. Por eso creo necesario aclarar qué entiendo por "subjetividad" y qué por "singular". Habría una tercera cuestión que es "contemporánea". Intentaré zanjar esta cuestión con la afirmación dudosa de que toda subjetividad es contemporánea. La subjetividad no contemporánea recibe el nombre de psicosis, trastornos límite, por reminiscencias sufrir y otras acepciones según la biblia del DSM V.

Desde el ECRO del Psicoanálisis Implicado entiendo a la subjetividad como el "decantado identificatorio de la lucha de clases", definición que exige ciertas aclaraciones.

Decantado identificatorio alude a la "representación" primaria, que siempre es posterior a la "presentación primaria". Las representaciones primarias que constituyen el núcleo de la subjetividad son habitualmente denominadas identificaciones. Las clases a las que aludo son "las clases de los deseos" y las "clases de los mandatos". Lo deseante se apoya en lo pulsional y los mandatos en lo que denomino "cultura represora". La subjetividad es configurada por la tensión, la lucha de dos territorios: los deseantes y los mandatos. Territorios: lugar donde se ejerce un poder. Y la subjetividad deviene configurada por esos dos poderes antagónicos: deseo y mandato. En términos tópicos: ello y Superyó. Sabemos que Freud definía el YO como un vasallo. Vasallo de sus deseos y vasallo de sus mandatos. Pero las lógicas de ese vasallaje son bien diferentes.

En "Análisis profano" Freud dice que podemos hablar de salud cuando el Yo da curso a las demandas del Ello. Esta referencia, la cultura represora y sus innumerables agentes olvida sistemáticamente. No es raro. En un país colonizado como la Argentina, el psicoanálisis también ha sido colonizado. Las lecturas del cruzamiento entre psicoanálisis y marxismo, que llevó a la gran Mimi Langer a decir: "esta vez no renunciaremos ni al psicoanálisis ni al marxismo", han sido cuidadosamente vigiladas y olvidadas. Otro de los efectos de las distintas formas de Fascismo de Estado. Una de las tantas curvaturas que el Estado imprime a lo político, según una idea de René Lourau.

Entonces la subjetividad es el resultado contingente (o sea no azaroso y no predeterminado) entre la lucha eterna entre deseos y mandatos. Es necesario insistir en que el deseo es de "adentro hacia afuera" y el mandato es de "afuera hacia adentro"La tragedia es que la curvatura que la cultura represora imprime a la subjetividad logra que el adentro se viva como externo, y lo externo se viva como lo más propio que al alma habita (dichos de Freud). León Rozitchner mencionaba la distancia interior (las tópicas) y la distancia exterior (las masas). Una de las afirmaciones más contundentes del psicoanálisis implicado es: "la cultura represora nos atraviesa a todos, pero no de la misma manera". La que denomino cultura represora se sostiene en cuatro pilares ancestrales: Mandato, Amenaza, Culpa y Castigo. Lo ilustro con la radical diferencia entre Breuer y Freud. El primero atravesado por la cultura victoriana, al igual que Freud, se quedó en "lo preliminar". Freud compartió los preliminares, pero siguió avanzando hacia lo que es la obra fundante sobre las subjetividades. Por eso hay muchos freudianos que no saben que son freudianos. Es momento de señalar que la cultura represora NO es solamente la cultura de la represión. En la cultura represora están la represión, la negación, la renegación, la formación reactiva, lo que denomino el alucinatorio político social, la intelectualización, el "doble pensar", y todas las formas distorsivas de la realidad y la percepción.

A mi criterio, es un acierto muy importante hacer palanca en lo singular. Habitualmente se confunde lo particular con lo singular. Por ejemplo: el "caso por caso". Lo particular es el segundo momento de la dialéctica. Niega lo universal. Lo creativo aparece en el momento de la singularidad, que niega lo universal y lo particular. Negación en el sentido de superación. En el mismo sentido en que afirmar la libertad es negar la esclavitud. Imposible avanzar en la libertad si se sostienen las múltiples formas de la esclavitud.

El psicoanálisis y la subjetividad contemporánea deben dar respuesta a lo que Giuliano da Empoli llama la suma de ira más algoritmo. Hoy los deseos son formateados por los algoritmos. Algo que nunca hubiéramos sospechado: los mandatos digitales. De la misma forma que se denominan redes sociales, incluso por sus más firmes detractores, a lo que son redes digitales. No soy yo, es el algoritmo. O sea: la singularidad de la subjetividad es arrasada por lo universal de la digitalidad. El fecundo concepto de "masas artificiales" que Freud estampa para siempre en "Psicología de las Masas y Análisis del YO" y que León Rozitchner bautizara como "individualidades múltiples" es hoy remedado por la Inteligencia Artificial. Me parece que cabe pensar sobre la "subjetividad artificial" como marca indeleble de lo contemporáneo.

Subjetividad artificial como marca indeleble de lo contemporáneo

Desde el psicoanálisis, lo artificial es análogo (o sea, no idéntico) a lo virtual. La oposición entre realidad material y realidad virtual resume la oposición entre la racionalidad sabida y la racionalidad sentida, como señalara el ya mencionado León Rozitchner. Ahora bien, o mejor dicho, ahora mal. La digitalidad intenta borrar, y a veces lo consigue, entre la materialidad y la virtualidad. Incluso no son pocos ni pocas quienes hablan de virtualidad cuando se trata de digitalidad. La diferencia es importante. Lo virtual es un efecto, lo digital es una causa-proceso. Lo digital ha invadido incluso el campo transferencial-contratransferencial hasta hace poco tiempo territorio exclusivo de "lo presencial". El "aquí, ahora y conmigo" tiene nuevas formas de encuadrarse. Los encuadres de hoy son inéditos, y si bien hasta hace poco eran resistidos, hoy forman parte de lo contemporáneo. Incluso para congresos, reuniones de trabajo, charlas familiares, relaciones sexuales, etc. Lo que denomino la Humanidad Artificial es un reseteo total de la subjetividad. Experimento socio político que comenzó con la pandemia, aunque seguramente mucho antes. Una subjetividad no vincular. Esa es la estrategia de la cultura represora. El borramiento de lo vincular como sostén de la subjetividad. El apuntalamiento digital es lo opuesto al apuntalamiento vincular. Las identificaciones primarias y secundarias son bizarras, y el lugar de la restitución ha ocupado el de la representación. La restitución ha dejado de ser patrimonio de la psicosis, y hoy organiza la subjetividad contemporánea. Psicosis como predominio de delirio y alucinaciones. Delirio: sistema de ideas delirantes (erróneas y condicionantes de la conducta del sujeto) y alucinaciones (percepciones sin objeto). En última instancia, organiza lo que llamo el alucinatorio político social. Agravado por sufragios que le otorgan legitimidad. El alucinatorio político social familiar es un salto cualitativo a lo que Freud denominó la psicopatología de la vida cotidiana. Si el normal es un "enfermo de realidad" (nuevamente una definición de León Rozitchner), solo puedo agregar que esa realidad es la cultura represora. Cuando hace décadas Paul Watzlawick escribió "Es real la realidad" nada sabía de redes digitales ni algoritmos. Fue en el ya lejano 1976. Pero evidentemente algo sospechaba. Hoy puedo decir que no: la realidad no es real, sino digital. O que la única realidad es la digital. Dejo para otro momento mi aforismo implicado: "la única verdad es la transformación revolucionaria de la realidad". Sin embargo, puedo agregar que en la subjetividad contemporánea el horizonte revolucionario está ausente. No puedo dar las razones de ello por dos motivos: estoy sobreimplicado porque soy socialista y porque me falta talento. Pero aún recuerdo, con nostalgia, cuando NO estuvo ausente esa verdad. Revolución es cambiar el horizonte de lo posible. Puede ser asimilado a cambio de paradigma, o cuando el instituyente aparece en la superficie.

La subjetividad contemporánea tiene ese registro ausente. "Es lo que hay" "No hay otra": catecismo de la resignación y la derrota.

Entrelazamiento singular

Hay una diferencia que quiero enfatizar. Todos estamos atravesados por la cultura represora. La tragedia actual es que la mayoría de la población está perforada. Lo singular del entramado actual es la disociación absoluta entre necesidades y derechos. "Hoy detrás de cada necesidad hay un privilegio", parafraseando la inmortal frase de Eva Perón. Lo singular del entramado es que la denominada "racionalidad invertida" tiene su momento de hegemonía. En algunos tiempos no demasiados lejanos se hablaba de alienación. Era básica la diferencia de la conciencia de clase en sí y la conciencia de clase para sí. Marx y Engels, en el Manifiesto del Partido Comunista, hablan de la evolución del proletariado: de clase "en sí", de clase "para sí". Las nociones de "en sí" y "para sí" reflejan las diversas fases de maduración del proletariado, del crecimiento de su autoconciencia como una fuerza política independiente. La subjetividad contemporánea logró barrer con todo eso.

Hoy todo es dependencia, sumisión. Una escala planetaria del "le pertenezco". O sea: el problema no es la esclavitud; el problema es la ausencia total de rebelión ante la esclavitud. EL YO no es vasallo; ahora es esclavo. Múltiples esclavitudes lo agobian. La subjetividad contemporánea es una esclavitud encubierta por el entramado singular digital.

Las no conclusiones

Freud nos enseñó que la ilusión es la creencia basada en un deseo. Nuestro deseo, además de hacer consciente lo inconsciente es la utopía de la felicidad. Si alguien dijera que la felicidad es la adhesión a toda forma de digitalidad, le diría: aleja de ti ese cáliz. Como psicoanalistas, una de las tareas terapéuticas y políticas es cuestionar toda forma de adulterar la felicidad. Puedo aceptar que haya una virtualidad virtuosa. Con certeza la que sostiene esta publicación. Pero la excepción NO determina la regla. La digitalidad contemporánea es lo opuesto de toda matriz vincular que fuera origen de la humanidad. Los psicoanalistas que en otros tiempos estuvieron enrolados en la virtualidad de la neutralidad (a la que denominé negación maníaca de la implicación), creo que son fundamentales en advertir, enunciar y denunciar los riesgos de las formas contemporáneas de la digitalidad. O sea: la subjetividad contemporánea.

Para intentar, al menos intentar, que la humanidad no sea humanidad artificial.

Notas

1 Médico Psiquiatra. Psicoanalista. Profesor de Teoría Psicoanalítica durante más de 30 años en: Universidades de Buenos Aires, La Matanza, Rosario, La Plata. Escritor, Autor y Director teatral. Periodista radial.