Una revista de la Asociacion Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

Infancias migrantes. Un toque de magia

En el siguiente trabajo, la autora nos permite pensar un tema tan actual como las migraciones y sus efectos en quienes por decisión u obligación deben partir hacia otro país e incorporar nuevas culturas, distancias y nuevas formas de vida: "Cualquier migración es un acto de valor en la vida del individuo y conduce a cambios en toda la familia". En el relato hay algo mágico de la voz de la autora al transmitirnos las ideas de Winnicott y su propia experiencia en el caso que describe, tanto en el mundo que el niño presenta como en el mestizar las historias en entramados únicos.

La trama compleja de la migración

Las razones por las que se migra son numerosas y pueden combinarse. A veces nos vemos obligados a hacerlo por razones políticas, a veces por razones económicas. A veces elegimos migrar en busca de una vida digna en otro lugar. Otras, migramos por la sed de libertad, aventura y exotismo. Otras, por amor. La vivencia de la migración en sí puede ser matizada por las circunstancias que dieron lugar a ese viaje. En cualquier caso, la migración es un entramado complejo que no puede ser reducido a categorías de azar o de necesidad.

Cualquier migración es un acto de valor en la vida del individuo, y conduce a cambios en toda la familia, incluso en la familia por venir, así como en la historia individual de cada uno de los involucrados. Migrar suele generar una ambivalencia entre el deseo y el miedo de dejar a los propios, salir del país de origen.

Dar a luz lejos de casa

Recibí la consulta por un niño de cinco años nacido y residente en Canadá, hijo de madre argentina migrante y de padre canadiense.

Lucía había conocido en la Argentina al que hoy era su marido y quien había llegado aquí por estudios de posgrado y cierta atracción por conocer un país latino. Al tiempo, tuvo que regresar a su país de origen, y ella decidió acompañarlo.

Se instalaron primero en el pequeño pueblo donde el marido se había criado, con pocos habitantes y de cultura rural. Poco después, nació Theo. Lucía cuenta que se sintió sola, algo perdida, lejos de sus familiares y amigos. Su marido tenía largas jornadas laborales y llegaba muy tarde a su casa. Refiere haberse sentido poco cuidada por él y su familia, quienes no la acompañaron en un momento tan importante. Le costó mucho la crianza del niño, estaba triste, vulnerable, no tenía fuerza para cuidarlo.

Cuando luego se trasladaron a una ciudad más poblada y cosmopolita, en definitiva más parecida a Buenos Aires, Lucia albergó la esperanza de "encajar" en el entramado social. Otra migración. Esta vez, del campo a la ciudad.

Ella logró insertarse laboralmente, ejercer su profesión y establecer algunos lazos de amistad en ese ámbito.

Categorías y etiquetas

El motivo de consulta era la preocupación de la madre y de su marido quienes habían sido alertados en el jardín de infantes acerca de la actitud de su hijo. Lo veían desatento y demasiado movedizo. A pocos meses comenzaría la primaria y la institución no lo veía preparado para cumplir con los requisitos mínimos de esa etapa.

Si bien Lucía y su marido reconocían la inquietud permanente de Theo, también rescataban su creatividad, el gusto por leer cuentos juntos, inventar historias, jugar al aire libre.

La madre, inmersa en el ambiente intelectual porteño, familiarizada con el psicoanálisis, se vio especialmente alarmada cuando su hijo fue diagnosticado livianamente con ADD por un profesional derivado por la escuela. Le indicaron una terapia reeducativa y posible medicación. Esto se sumó a un rechazo y extrañamiento que ya Lucía venía presentando hacia todo lo que no fuera argentino. Idealizaba el psicoanálisis y desvalorizaba otras terapias. Sumado a esto, los padres de Lucía traccionaban en favor de lo argentino, y no la habían acompañado en su migración.

También pude observar una subestimación dirigida hacia su marido, a la familia de este, y a sus modos de intercambio afectivo. Según ella, les importaba sobre todo el bienestar material, el trabajo y la perspectiva del futuro siempre en función del dinero.

Cuando giré mi atención hacia el marido, me sorprendió encontrarlo tan distinto de lo que ella lo describía. Atento, empático con Lucía y con Theo, incluso consustanciado con la cultura latina.

En la transferencia fui sintiendo que yo estaba ubicada como representante de lo valioso. Parecía que Lucía hacía una alianza conmigo para explicarle a su pareja cosas que ella suponía que Tom no entendía. Lo tenía etiquetado, achatado en sus matices.

En esta consulta percibí que ambos padres ya se mostraban involucrados para pensar activamente la problemática familiar.1

El encanto de las vacaciones

Durante el receso escolar, madre e hijo llegaron de visita a la Argentina mientras Tom se quedó allá. Conocí al niño. Theo, de inmediato, convirtió el espacio del consultorio en un lugar mágico. Cordial, curioso, observador. Delgado, incluso un poco etéreo. Un encantamiento peculiar nos envolvió a ambos. Lo primero que hizo fue reparar en una brujita minúscula en la biblioteca. Toda su atención fue a parar a ese objeto lleno de detalles en el que él se detuvo. "Mejor la agarramos porque debe de estar aburrida en la biblioteca" dijo.

La prosodia, la entonación, el acento que le imprimía a sus verbalizaciones tenían características de un hablar mixto. Enunciaba verbalmente en castellano, pero la entonación era extranjera.

Al invitarlo a jugar, noté que no se dirigía a los juguetes. Se sentó a la mesa hablando en tono de adulto. Ese año empezaba primer grado, y me contó con entusiasmo que quería aprender mucho acerca de las compus y los celus. Agregó que su abuelo (materno) sabía mucho de tecnología y Theo quería entender de qué hablaban su mamá y su papá. Percibía que en la tecnología había un misterio entre los adultos al que él querría acceder. Sin embargo, tenía su cabeza tan ocupada en desentrañar en qué estaban los adultos que olvidaba, por momentos, su ser niño.

Durante las primeras sesiones, Theo no quiso quedarse sin la madre. Esta no intervino en los juegos, sino que tomó asiento en un sillón lejano. Sin embargo, el niño dirigía permanentemente su atención a ella. Estaba pendiente.

Yo imaginaba que Theo podría quedarse bien sin su mamá, pero me preguntaba si seguiría sosteniendo ese personaje de niño grande no estando su mamá presente o soltaría finalmente su juego.

Le propuse, en presencia de la madre, que comenzara a quedarse solo en las sesiones. La idea fluyó con naturalidad.

Comenzó a soltarse de a poco, una vez solo. Su juego se empezó a ver más rico y menos atravesado por el "deber ser". Lo percibía menos presionado, ya no estaba tan al servicio de cuidar a su mamá.

Con entusiasmo, construyó un castillo de importantes dimensiones con bloques de plástico. Armó una secuencia en la que los dueños del castillo se veían amenazados por ratones que, sigilosamente, intentaban entrar. Planteaba un conflicto y, en lugar de intentar resolverlo, dejaba la ambigüedad a la vista. ¿Sería que la reina podría empezar a protegerse sin tanta asistencia?

Devolución en dos tiempos

Primero

En la siguiente entrevista virtual con los padres pude transmitirles las siguientes ideas: Por un lado, vi a Theo muy pendiente de su madre, preocupado por sus estados de ánimo, tratando de sostenerla y sensibilizado con su migración. El niño se proponía como un coequiper que defendía la cultura latina y se negaba a aquello que pudiera venir de afuera. Por otro lado, el colegio y sus legalidades representaban el mundo nuevo al que tendría que ingresar y animarse a descubrirlo implicaba para él dejar a su mamá e iniciar un largo camino de aceptación de su mestizaje.

Tanto Lucía como Tom empatizaron con la caracterización que hice de la situación. Para nada les resultó ajena. Se reconocían en lo que les mostré. Pudimos pensar juntos en cómo cada uno estaba involucrado en la problemática de Theo.

Lucía expresó su deseo de que siguiera atendiendo al niño vía zoom. Pensé que no era lo mejor, ya que tanto la madre como el hijo me ubicaban como representante de la Argentina idealizada y eso no era lo que ellos necesitaban. Les sugerí buscar a alguien que pudiera atenderlos presencialmente y no vía virtual. Les expliqué que, si yo seguía atendiéndolos, corríamos el riesgo de sellar algo que, precisamente, era necesario des-sellar. Desde mi lugar de terapeuta-puente emprendí una búsqueda para encontrar un psicoanalista de niños en el país de ellos.

Propuse continuar esta devolución con el niño y su madre juntos en el consultorio en dos o tres entrevistas. Apostaba a ofrecerles un espacio-tiempo para que mis palabras se desplegaran en clave de juego-intervención y no de mero informe.

Segundo

Ya reunidos en mi consultorio, le dije a Theo en presencia de su madre, "¿me permitís que te cuente algo que pensé?". Theo asintió. Le dije que mientras él pasaba las horas en el cole, su cabeza estaba muy ocupada pensando en su mamá. Y que eso no le permitía escuchar todo lo nuevo que la maestra tenía para enseñarle. Le aseguré que podía quedarse tranquilo y disfrutar de sus cosas, porque su mamá tenía las propias: su trabajo, sus compañeros, y Tom, su papá, que la quería mucho. Le conté que hablé con un psicólogo que vivía en su país, que lo iba a poder ayudar a aliviarse de todo esto que ocupaba tanto su cabeza, y que tenía muchas ganas de conocerlo. Percibí una escucha atenta.

Album de fotos

Así llegó nuestra despedida. Primero Theo dijo que no quería despedirse, se puso muy cerquita y me abrazó. Se me ocurrió jugar a la despedida, sacándonos fotos imaginarias. Primero, la mamá y él posando para la cámara. De a poco, se fueron soltando y las fotos se volvían más divertidas: un guiño, un gesto pícaro, una pose juguetona. Hasta que me invitaron a posar. Lucía cambió de lugar y sacó la foto en la que Theo y yo ensayamos saludos de despedida. Espontáneamente, levantó los pulgares y yo lo imité. Este juego nos permitió despedirnos a los tres con una sensación de liviandad y placer. Me dio tranquilidad que se fueran con una escena lúdica que mostraba otras caras posibles de las despedidas.

Algunas Reflexiones

Devenir madre y padre en un mundo cosmopolita

Estar embarazada, ocuparse de un bebé, devenir padres han sido siempre y en todo lugar situaciones especiales para las personas. El cuidado de los bebés varía mucho de un país a otro, de una cultura a otra. No hay una forma única de cuidar que sea correcta y otra que no lo sea. Los bebés están bien cuando su mamá y su papá se sienten bien.

¿Cómo podemos entender la experiencia de convertirse en padres en un contexto migratorio? La situación transcultural genera una peculiar vulnerabilidad tanto en los padres como en sus bebés.

Esta fragilidad es la que se percibe en el relato de Lucía sobre el nacimiento de su hijo. Theo era un niño sensible, criado por una madre en duelo. La pérdida de su país de origen la dejó en una posición de indefensión, de añoranza y pena por lo perdido.

Al nacer Theo, la madre tuvo muchas dificultades para acogerlo en ese nuevo mundo que todavía no había adoptado como propio.

El mundo que el niño nos presenta

Winnicott dice (1994) que, al comienzo de la vida, cada uno de nosotros necesita contar con una madre capaz de presentarnos el mundo en pequeñas dosis. Para el niño pequeño, la vida no es más que una serie de sensaciones intensas, y necesita que sean suavizadas, atenuadas por quien está a cargo de su sostén emocional.

Lucía estaba con Theo, pero con la cabeza en la Argentina. Su angustia le impidió suavizar los estímulos y dosificarlos para nutrir a su hijo.

Winnicott también observó (1999) que muchos niños cuyas madres tratan de combatir con una defensa organizada su propia depresión, se identifican con ellas y están muy pendientes de su estado anímico. Él los describe como niños tónicos, muy inquietos, que ofician como escudo antidepresivo de la madre. Suelen ser encantadores, necesitan gustar y entretener al otro. Tienen una vivacidad que rápidamente influye en el humor del terapeuta haciendo que se sienta más alegre, incluso encantado o fascinado, tal cual me pasó a mí con Theo. Se trata, según Winnicott, de un niño o una niña especialmente deliciosos. Theo teme que Lucía se deprima si él abandona esta tarea de encantar, pero, si persiste en esta posición de niño campanilla, el riesgo que corre es la instalación de un falso self que no le permita sentirse real.

Mestizar las historias

La escritora nigeriana Chimamanda Gnozi Adiche, en El peligro de una única historia (2019), sostiene que "el relato único priva a las personas de su dignidad (...) enfatiza en qué nos diferenciamos en lugar de en qué nos parecemos". Lucía presenta la historia de Theo a través de la suya propia. Su biografía argentina, sus raíces culturales, sus afiliaciones ideológico-afectivas impregnan la mirada que tiene sobre su hijo y sus conflictos actuales.

Al ingresar a la escuela primaria, el niño se encuentra ante el desafío de acceder a la genealogía paterna para empezar a escribir su propia historia. Tiene que aprender a leer y a escribir en la lengua del padre. La Historia de la madre parece única, con mayúscula, y opaca la historia (y sus ramificaciones) de la familia de su papá. En este contexto, el niño no puede llevar a cabo su mestizaje, no puede volverse una caja de resonancia de las diversas voces. El mestizaje se va realizando en los niños a través de lenguas, culturas e historias diferentes del padre y de la madre. Tal vez Theo se vea atraído por lo que le enseñan en la escuela, pero no se siente todavía habilitado para apropiárselo y disfrutarlo.

Por un lado es visiblemente hiperactivo en la escuela, pero al mismo tiempo hay algo trabado en su interior, invisible para el afuera, que le impide realizar su mestizaje. Una terapia conductista y la medicación lo hubieran anestesiado, sin permitir que el deseo de saber siga su cauce.

Theo necesita un espacio terapéutico en su país que lo ayude a legitimar su deseo de crecer, la apertura de nuevos mundos (la cultura, la institución escolar, la lectoescritura, su grupo de pares) y así separarse de la posición depresiva de Lucía.

En cuanto a la madre, necesita hacer un trabajo terapéutico para salir de Argentina.

Migración y transición

El consultorio y la brujita se constituyeron en un espacio transicional, una gran oportunidad para que puedan jugar la mamá y el hijo. Esa "brujita" minúscula apoyada en la biblioteca en la que Theo posó sus ojos la primera vez, de aspecto ambiguo, es un personaje mágico que se caracteriza tradicionalmente por su dualidad. En suma, un ser luminoso que esconde enigmas.

Volviendo al concepto de la Historia única, los padres tuvieron la cintura de no quedarse con una sola versión del problema transmitido por la escuela, y salieron en busca de otra mirada.

Esta historia es un ejemplo más de muchas otras de niños mestizos que tienen un núcleo en común. Sin embargo, cada historia tiene su matiz particular que la hace única (usando otra acepción de la palabra). Hay muchos Theos en este mundo de migrantes. En este caso, a fin de cuentas, había que encontrar qué era lo único en él.

Notas

1 En el texto Evaluación clínica en niños (s.f), Marité Cena sostiene que "aprovechar al máximo las entrevistas diagnósticas convierte a todo el proceso en algo muy importante en sí mismo, en tanto se puede arribar a conclusiones profundas compartidas por los padres, el niño y el terapeuta".

Bibliografía
  • Cena, M. (s.f) Evaluación psicológica en niños. Ficha de la cátedra Psicopatología de niños. Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.
  • Moro, M. R. (2009) Nuevos tipos de familias, nuevos tipos de niños, aspectos antropológicos y clínicos. Cuadernos de psiquiatría y psicoterapia del niño y del adolescente. 48, 9-21.
  • Moro, M. R., Guessoun, S, B.; Rabjack, R. (2022) Tener un hijo fuera de casa. Elogio de la relación. En Raznoszczyk Schejtman, C. (comp) (2022) Primera infancia y psicoanalisis II, investigación-clínica-prevención. Ed. Librería Akadia.
  • Ngozi Adichie, C. (2019) El peligro de la historia única. Random house.
  • Winnicott, D. (1994) El mundo en pequeñas dosis. En Winnicott, D. (1994) Conozca a su niño. Psicología de las primeras relaciones entre el niño y su familia. Paidós.
  • Winnicott, D. (1999) Reparación con respecto a la organización antidepresiva de la madre en Escritos de pediatría y psicoanálisis. Paidós.