Una revista de la Asociacion Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados.

Sobre el cambio psíquico

"… tras el arduo trabajo de análisis, el neurótico tiene en el interior de sí algo menos de inconsciente y algo más de consciente que antes. El neurótico curado ha devenido en realidad otro hombre, aunque en el fondo, desde luego, siga siendo el mismo; ha devenido lo que en el mejor de los casos y bajo las condiciones más favorables podía devenir. Pero esto es mucho. Cuando sepan todo lo que es preciso hacer y el esfuerzo que se requiere para implantar esa alteración en apariencia tan ínfima de su vida anímica, advertirán la importancia que posee esa diferencia a nivel psíquico"

Freud, 1917. Conferencia 27, p.396

Quería empezar con esta cita freudiana, porque la considero una declaración de principios respecto a las expectativas sobre los resultados esperables de un análisis. Es un trabajo psíquico que lleva a transformaciones fundamentales para la vida de quien sufre, pero con la salvedad de que se presentan de modo ínfimo, casi imperceptibles. Es claro que el análisis no promete felicidad ni soluciones mágicas. Promete arduo trabajo.

Desde los albores del psicoanálisis, Freud se dedicó a investigar y crear un abordaje terapéutico con el propósito de resolver el sufrimiento psíquico. Su legado se dirige a una transformación subjetiva tal que permita abordar experiencias traumáticas, pérdidas afectivas o conflictos entre instancias, en función de que estos acontecimientos, en tanto alteren la estabilidad económica a la cual tiende el principio de placer-displacer, puedan tramitarse como infortunios propios de la vida a resolver, sin llegar a enfermar por ellos.

En esta línea, el psicoanálisis, como propuesta terapéutica, se plantea un trabajo psíquico de generación de recursos para sosegar, a través de las ligaduras y tramitación, al perturbador "hiperpoder del factor cuantitativo" (Freud, 1937, p. 230).

Por eso, el "cambio psíquico" que procura el psicoanálisis, lo entiendo como una transformación de la administración de la economía psíquica, en pos de un propósito terapéutico, el cual será corroborado por la cesación o apaciguamiento de producciones sintomáticas o cuando se puedan eliminar los obstáculos para el amor y/o la producción. Los puntos a definir y revisar es cómo evaluar los resultados de la dirección de la cura, con qué herramientas operamos, qué elementos a trabajar tomamos en consideración y dónde situamos el campo de acción de lo terapéutico.

Varias preguntas incitan este complejo camino:

¿Qué situaciones alteran la homeostasis del aparato psíquico que hace que se precise una revisión de su administración? ¿Cuánto depende de las condiciones del mundo externo y cuánto de las exigencias de las instancias propias del mundo interno?

¿Adónde apunta la dirección de la cura analítica? ¿Cuál es su especificidad?

En los inicios, en "Estudios sobre la histeria" (1893-95), en tanto se teoriza que la neurosis sufre de reminiscencias, se trataba de llenar las lagunas del recuerdo con su respectivo afecto, para llegar al origen traumático de los síntomas y lograr expulsar, por medio de la palabra y su emoción correspondiente, los demonios que enferman.

Ese cambio psíquico, bajo la fórmula de hacer conciente lo inconciente, se basaba en poner en palabras el padecer psíquico a través del dispositivo analítico en transferencia, trabajar las resistencias al recuerdo e interpretar el contenido inconciente, con la premisa de recuperar para la conciencia una historia patógena, olvidada por reprimida. Una suerte de exorcismo terapéutico, que se vio cuestionado en la clínica ante las recaídas por la insistencia de repetición. Aunque hacer conciente lo inconciente sigue siendo una dirección necesaria, no alcanzaba como propósito terapéutico.

Las reincidencias sintomáticas llevaron a Freud a incorporar en Recordar, repetir y reelaborar (1914), una herramienta terapéutica nueva: el trabajo de reelaboración para tramitar aquello inconciente que insiste y que es incapaz de ser recordado.

Esta perspectiva definió una nueva nosología diagnóstica: la compulsión de repetición. Algo demoníaco, que termina de definirse en su estatuto teórico y clínico en el Más allá del principio de placer (1920), es la expresión de la insistencia de lo no ligado de los tiempos primordiales, de cierto exceso traumático insusceptible de proceso secundario y que se expresa a través de la reserva representacional con una satisfacción más allá del principio de placer; satisfacción que insiste fallidamente por tratar de ligar el estímulo.

Con esta vuelta de 1920, queda claro que hay límites al desciframiento en el arte de interpretar; este estado de situación conduce a crear como dispositivo técnico la construcción en análisis, como nuevo operador para lograr un cambio psíquico.

Freud termina de formalizar este dispositivo en el texto Construcciones en el análisis (1937), aunque se pueden encontrar varios ejemplos previos de su uso en su clínica. Entiendo a la construcción en análisis, como la producción de un relato sobre la causa del padecimiento, derivado de un trabajo de conjeturas e historización sobre los restos de recuerdos, vivencias históricas y prehistóricas, amalgamados con las producciones del inconciente y los tipos de carácter que, en su conjunto, serán reproducidos en transferencia con actos y enunciados que velarán y develarán los modos de satisfacción e insistencia de las fijaciones pulsionales. Dice Freud: "Con esta materia prima (…) debemos producir lo deseado. Y lo deseado es una imagen confiable (…) de los años olvidados de la vida del paciente" (Freud. 1937, p.260). Su efectividad depende de cuánto resuene en lo pulsional generando nuevas asociaciones, sueños, alivio del padecer o se activen resistencias que oficiarán de faros para la dirección del tratamiento.

Si la interpretación pone el acento en hacer conciente lo inconciente, en cuanto trata de recuperar lo inconciente reprimido, la construcción es una herramienta que, como auxiliar del trabajo de reelaboración, apunta a dar letra al inconciente no reprimido, sustratos donde ligar la insistencia de lo irrepresentable, donde muchas veces más que levantar represiones, puede estar al servicio de instalarlas donde no las hubo.

La idea en general es rectificar ciertas vías de descarga, allí donde la defensa no operó como regulador del estímulo, sino que mantuvo vivo y vigente algún conflicto o alguna intensidad afectiva por su cualidad traumática, siempre dispuestos a salir a la luz.

Algunas breves viñetas clínicas

1-Ana consulta por una fuerte angustia que atribuye a un conflicto laboral. Había discutido con un compañero y terminó a los golpes. Luego de ese episodio percibe agresiones verbales en su trabajo. Ana es viuda y tiene a cargo cuatro hijos menores. No puede renunciar. Necesita el trabajo, pero no lo tolera. El analista la invita a asociar sobre el episodio violento. Luego de cierta vacilación, dice no soportar que "vuelvan" a pasar esas cosas. ¿Vuelvan?, pregunta el analista. Refiere escenas similares con su esposo fallecido hace años, asociadas con el conflicto laboral actual. En este caso operó una versión de hacer conciente lo inconciente, con un nuevo relato que reubica la amenaza. La angustia adquiere un nuevo estatuto, donde el episodio actual queda desinvestido de un resto insoportable. Ana logra salir de la parálisis y opera de otro modo con su problema laboral: consulta por la vía legal a través del sindicato, resolviendo ese conflicto. El otro, el histórico que insistía por su manifestación, gracias a la transferencia que se construyó, lo continuó trabajando en un proceso de análisis.

2-Josefina, con mucha vergüenza, dice que una vez más volvió a llamar a su ex. Que cuando se angustia, no puede evitar hacerlo. Él, como siempre, acudió a la cita y otra vez terminaron a los gritos. Una situación repetida de violencia, que se acompañaba de fuertes autorreproches. En el análisis, este material conducía a un abuso sexual sufrido en su infancia por un familiar cercano, a quien protegió con su silencio.

¿Qué se repite en cada encuentro con su ex? ¿Se trata de la reedición de una historia traumática puesta en acto en su vida amorosa? ¿Es una compulsión de repetición de lo no tramitado, que insiste en emerger? ¿Cómo pensar la insistencia del autorreproche?

Interpretar cuánto de esa historia infantil se reeditaba en la actualidad, cuánto del trauma sufrido insistía en su vida actual como compulsión de repetición, era algo que traía de otros análisis, por momentos relatado como un clisé vacío de eficacia terapéutica.

Así que decidí analizar, una y otra vez, apoyado en el lazo transferencial, las condiciones de producción de la compulsión de repetición. Sus autorreproches los reformulaba como preguntas de análisis. La idea era interrogar los sentidos coagulados, en tanto estos operaban como resistencias. Apuntaba a que el material, al ser relatado y refundado, adquiera un nuevo estatuto confiando en el trabajo del inconciente: que, en la reiteración de la misma escena, algo inédito alumbre "otro modo" de repetir la historia.

En el análisis se fue armando la historia de una niña que ocultó el abuso por amor y temor a la pérdida. Inferí que en ese material instaba un goce ignorado, una satisfacción masoquista que insistía como destino ineluctable en sus elecciones amorosas.

Intervengo con una construcción: que esa complicidad amorosa con su abusador había sido un recurso psíquico, que le permitió en su infancia procesar el exceso traumático, y apropiarse de una situación que la excedía, tomando un rol activo con su silencio.

A la sesión siguiente trae un sueño: soñó con su camita infantil protegida con barrotes.

El sueño en transferencia ya daba cuenta de un cambio psíquico, del trabajo del inconciente operando en la dirección de la cura. En la construcción, al historizar lo imposible de recordar, se apuesta a crear una metáfora que lleve a una asimilación subjetiva de lo irrepresentable que insiste. Algo así como sucede en el trabajo del sueño, donde el desplazamiento, la condensación, el miramiento por la figurabilidad y la elaboración secundaria van construyendo una ficción alrededor del ombligo del sueño.

Pero no fue mágico. La resistencia del ello obligó a un arduo trabajo de reelaboración y prueba de la paciencia del analista. Pasó bastante tiempo y un día, de modo casi anecdótico, cuenta que tuvo un nuevo encuentro con su ex y no terminó como siempre. Pensó que él había cambiado. Pero no tardó en ubicar su participación en el cambio, que había puesto nuevas condiciones para el encuentro. Casi sin darse cuenta, se había rectificado una vía facilitada, maniobrando de otro modo una insistencia de repetición.

¿Qué metapsicología podemos pensar que está en juego en estos cambios psíquicos?

Freud, en el texto Análisis terminable e interminable (1937), en las postrimerías de su producción teórica, llega a la conclusión de que "la operación genuina del análisis" es "la rectificación con posterioridad del proceso represivo originario" (p. 230).

En esta afirmación se trata de un trabajo de procesamiento de un destino pulsional.

Sigamos la idea de Freud: Las represiones que se trabajan en un análisis son las de la primera infancia: defensas de un yo inmaduro ante lo pulsional que insiste. Ante nuevos conflictos, por la presencia de vías facilitadas, el yo neurótico responde con aquellas vetustas e ineficaces soluciones para el conflicto actual. Tal es la respuesta del yo que, ante el displacer, "… sin importar el precio que pague, sacrificará la percepción de la realidad objetiva" y, como "…no se puede huir de un peligro interior, los mecanismos de defensa del yo están condenados a falsificar la percepción interna y posibilitar una noticia deficiente y desfigurada del ello" (1937, p. 239).

Es decir, el yo neurótico, ante el displacer, se defiende alterando sus funciones en vez de resolver la realidad adversa que generó el conflicto. De eso se trata la enfermedad psíquica. Se apela a procesos defensivos que sacrifican recursos. Estas limitaciones del yo son a las que se apuntará a resolver en el trabajo analítico con la pulsión.

En este proceso es indispensable la transferencia como operador de la puesta en acto del conflicto inconsciente, así como auxiliar del automatismo de repetición. El lazo libidinal y la demanda de amor hacia el analista, como objeto de la transferencia, resuena en lo pulsional tal como lo hace el resto diurno en la producción onírica. Así se convoca al conflicto pulsional al terreno del proceso secundario para poder trabajarlo; al decir de Freud, permite el encuentro imposible entre el oso polar y la ballena (1917, p. 394). Es por el trabajo en transferencia que las palabras que se produzcan en un análisis podrán conmover las fijaciones pulsionales y crear condiciones para su rectificación.

Será por eso que en El yo y el ello, Freud dice que el psicoanálisis "(…) es un instrumento destinado a posibilitar al yo la conquista progresiva del ello" (1923, p. 56). Fórmula que consolida 10 años más tarde en la Conferencia 31, de modo más contundente y preciso: "En efecto, el propósito es fortalecer al yo, hacerlo más independiente del superyó, ensanchar su campo de percepción y ampliar su organización de manera que pueda apropiarse de nuevos fragmentos del ello"; agregando el conocido aforismo: "Donde Ello era, Yo debe advenir. Es un trabajo de cultura como el desecamiento del Zuiderzee" (p. 74). Metáfora que refiere al sistema de diques (Polders), construidos en el Mar del Norte, en pos de ganar tierras fértiles al mar y, a la vez, proteger de nuevas inundaciones, como las que ya habían anegado la región.

Un "trabajo de cultura", donde "fortalecer el Yo" es crear las condiciones para "hacer inocuo" (bändigung) el empuje pulsional; que este sea accesible a la influencia del yo, por ejemplo, al sustituir la represión por un juicio adverso con el propósito de impedir una satisfacción pulsional "fuera de caja" (bändigung). Se trata de ampliar el campo perceptivo del yo, limitando de esa forma las antiguas defensas patológicas.

Es importante recalcar que el "fortalecimiento yoico", no implica caer en prescripciones adaptativas, educativas o de síntesis yoica, como propuesta de cambio psíquico. No es una psicología del yo ni cognitivo-conductual. Tampoco es un trabajo sostenido en lo intelectual. Dice Freud "Si el analista intenta demostrar al paciente una de las desfiguraciones emprendidas en la defensa y corregírsela, lo halla irrazonable e inaccesible para los buenos argumentos" (1937, p. 241).

Lo que pasa es que el ello, sede de las pulsiones, no comercia en forma directa con el mundo exterior, sólo lo hace a través del yo. Por eso en el análisis trabajamos con los retoños del inconciente que retornan desfigurados, viajando como polizones en los enunciados del proceso secundario. Y es a través del vínculo libidinal que instala la transferencia analítica que hay posibilidad de operar sobre lo pulsional que insiste.

Entonces, el propósito prínceps del análisis, entiendo, no es fortalecer el yo. Esto es una consecuencia de la operación psicoanalítica, que es rectificar destinos pulsionales; operación que por añadidura va a transformar la relación del yo con sus vasallajes, que en la clínica se presenta como si hubiera un "yo fortalecido": un yo con más recursos.

Es importante recordar que este trabajo es parcial e incompleto por definición. Que no hay que hacer evaluaciones exitistas, ni tampoco melancólicas de los resultados. Como cito a Freud en el epígrafe, dando cuenta de su posición ante la castración en la dirección de la cura: "…ha devenido lo que en el mejor de los casos y bajo las condiciones más favorables podía devenir"; pues es inevitable que queden restos de antiguas fijaciones libidinales y remanentes de lo irrepresentable como fuerzas al acecho, que pueden verse compulsadas a insistir por su tramitación, ante frustraciones de la realidad.

Por esta razón, los cambios estarán sujetos a la proporción relativa entre las fuerzas en pugna, siendo las vicisitudes de la vida las que pondrán a prueba los recursos psíquicos disponibles de cada sujeto ante cualquier la irrupción del factor cuantitativo.

Su resultado final dependerá de la intensidad de la constitución pulsional, así como de cuánto esté alterado el yo por sus defensas y de la mayor o menor fortaleza narcisística.

Para finalizar: unas palabras sobre el cambio psíquico como efecto de un trabajo de duelo que implica cada proceso de análisis.

El texto de Duelo y melancolía (1917) aporta una lógica para entender la ardua tarea que significa la renuncia de aquello que se tomó como propio, no sólo ante la pérdida de un objeto amado o un ideal, sino que también se puede aplicar su lógica al trabajo que exige el proceso de un análisis, en tanto apunta, para paliar el sufrimiento psíquico, al desasimiento, vía rectificación, de fijaciones libidinales que enferman.

Si pensamos el proceso de análisis como un trabajo de duelo, el tratamiento debe realizarse "pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y energía" (Freud, 1917, p. 243). Entiendo que este duelo encuentra en las fijaciones libidinales su mayor resistencia, siendo parte del trabajo de "reelaboración" (Freud, 1914, p. 157), por la renuencia de la libido a abandonar sus conquistas.

Un breve ejemplo: un sujeto que consultó por cuadros depresivos de larga data, donde se destacaba la fantasía del lugar de "menosprecio" que él representaba para los otros.

Luego de varios años de análisis trae un material que apareció casi por azar. Una tía le contó algo que no sabía sobre su nacimiento: que después del parto fue "abandonado a su suerte" en una sala contigua a la de su mamá, mientras a ella la trataban por graves complicaciones del postparto. La novela se hizo más dramática cuando su tía le contó que "por casualidad" otra tía lo escuchó llorar y "por suerte" lo rescató del abandono.

Fue un giro en su vida cuando en el análisis pudo sustituir el enunciado de la historia, ubicando: que él, a través de sus gritos, había podido hacerse escuchar por su tía participando activamente de su rescate, lo cual le quitaba la soberanía que tenía, hasta ese momento, la casualidad y la buena o mala suerte como tejedoras de su destino.

Para esta sustitución metafórica, tuvo que hacer un duelo por la cuota de goce que había logrado desde el lugar del "niño abandonado y menospreciado".

Bibliografía
  • Breuer, J. y Freud, S. (1893-95). Estudios sobre la histeria. O.C., Tomo II. Amorrortu.
  • Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. O.C., Tomo XII. Amorrortu.
  • Freud, S. (1917). 27ª Conferencia: La transferencia. O.C., Tomo XVI. Amorrortu.
  • Freud, S. (1917). Duelo y melancolía. O.C., Tomo XIV. Amorrortu.
  • Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. O.C., Tomo XVIII. Amorrortu.
  • Freud, S. (1937). Construcciones en el análisis. O.C., Tomo XXIII. Amorrortu.
  • Freud, S. (1937). Análisis terminable e interminable. O.C., Tomo XXIII. Amorrortu.