Miguel Tollo · Noveduc, 2025
¿Cuál es el malestar del sujeto de nuestros días? ¿Habrá quedado toda su suerte librada a su propia voluntad y mérito? Lo cierto es que necesitamos ir más allá del uno por uno y pensar la estrecha ligazón que lo une a su comunidad para devolverle el sustento de una subjetividad que transita empobrecida de tanta ideología individualista.
Las reflexiones que proponen estos trabajos apuntan a profundizar en las lógicas de construcción social y de producción actual de subjetividad derivadas de las tendencias a la fragmentación y disolución del lazo social, el debilitamiento de los vínculos solidarios y el incremento de la violencia y la crueldad.
Recuperar la capacidad de reflexionar y crear con otros y otras es un horizonte de realización indispensable, vital, parte de una metodología que incluye a niños, niñas y adolescentes, cuyas voces merecen ser escuchadas.
El sujeto es miembro de una comunidad desde sus orígenes y esa condición se inscribe como pacto iniciático, respaldo fundante mediante el cual no todo queda librado a la voluntad y las buenas intenciones individuales.
La ideología neoliberal vela, oculta con su apuesta individualista-meritocrática tal realidad, y hace que muchos concluyan de manera omnipotente en la autoestima que les cabe en su éxito o la culpabilidad y desvalorización por su fracaso.
Así es el sujeto de nuestros días, sumido en una aporía estéril que lo ubica en un supuesto camino personal en la vivencia de una soledad compartida, un oxímoron para definir ese estado contradictorio y absurdo que cierto lado de la academia suele traducir en términos de patología o trastorno, lo que califica o descalifica el genuino malestar que nos concierne por sobrevivir en una sociedad que a veces descolla por lo inhumano.
Qué ocurre a nivel psíquico en estos tiempos en los que imperan tratos crueles, donde se desdibujan los espacios y tiempos reservados a la intimidad, donde lo monstruoso supera lo siniestro freudiano, donde estamos necesitados de la fortaleza comunitaria para contener y alojar el sufrimiento, pero esa trama comunitaria está fragmentada.
Avatares remite a la noción de fase, cambio o vicisitudes. Pero curiosamente en la jerga actual avatar designa, en diseño digital, una representación virtual de una persona, o un alter ego del usuario. Se utiliza comúnmente como foto de perfil en canales de streaming y en los foros en línea. Pero también puede utilizarse como logotipo de marca o "mascota digital" de una empresa.
Del mismo modo que el término "persona" surgió de la máscara utilizada por los griegos para personificar y expandir la voz en sus realizaciones teatrales, y entonces resultó ser una manera de aparecer el sujeto ante los otros, el "avatar" parece fungir de modo similar cuando nos presenta ante los demás en modo virtual.
Cada trazo de lo expuesto en el libro adquirió contextura intelectual a partir de lo compartido con otros y otras en los diversos colectivos sociales por los que me ha tocado en suerte transitar.
Y es precisamente lo colectivo ese hilo conductor que trenza y tensa las diversas temáticas. Ya sea que hablemos de crueldad, ética, ludopatías, violencia, fragmentación yoica, derechos de infancias y adolescencias, intimidad, escucha o lo monstruoso, tanto desde la clínica como en la vida cotidiana, habrá una búsqueda obstinada en reconocer y evidenciar las conexiones reticulares que anudan en cada caso esos fenómenos con los contextos.
Claro, ¿cómo pensar y volcar al papel estas temáticas sin verse doblegado por el estupor, por ese "Dolor País" al que se refería Silvia Bleichmar? Allí lejos de obstaculizar, cobra valor la empatía y la posibilidad de que esa vibración emocional se transcriba en conceptos y reflexiones. Casi como una elaboración de lo traumático, el padecimiento común se encarna y adquiere sublimación mediante un cuerpo narrativo desde el cuerpo vivido.
Espero que esta publicación pueda contribuir a ese desafío ya que ha nacido de las pasiones y las ansias compartidas por pensar-hacer una sociedad más justa.
Debo un especial agradecimiento a todos aquellos con los que he venido trabajando y viviendo experiencias tanto en el Forum Infancias local y la Red Federal, la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (en particular a mis compañeres del equipo del Malestar en la Cultura) y el Consejo Consultivo Honorario de Salud Mental y Adicciones, instancia de participación social creada por la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 en el 2014.