Trabajo presentado en el ciclo de miércoles científico del año 2025 por el equipo del área de Fecundación Asistida y Adopción.
Área de Fecundación Asistida y Adopción · AEAPG
Co-coordinadora: Lic. Gabriela Nelli · Integrantes: Lic. Diana Watman · Lic. Brenda Glowakrzywo · Lic. Gabriel F. Federico
El eje de nuestro trabajo durante el año 2025 giró en torno a la elaboración y la escritura de un libro sobre uno de los temas que nos compete: Las técnicas de reproducción humana asistida (TRHA). Sus avances, sus avatares, sus intrigas y sus cuestionamientos. Desde la ciencia, la ética, la biotecnología y por supuesto desde el psicoanálisis y nuestro rol en esta nueva actualidad.
La medicina reproductiva está avanzando de una manera tan acelerada, que nuestras cabezas deben correr aceleradamente también para conocer, entender y comprender todo lo que está pasando en este terreno. La inteligencia artificial (IA) está cobrando un papel activo y preponderante en las TRHA. En medio de todo este remolino vertiginoso, estamos nosotros, los psicoanalistas, intentando ayudar a quienes recurren a nuestra consulta. Para lo cual es importante sumergirnos en la temática y conocer lo que está sucediendo.
"Mater semper certa est," "la madre es siempre cierta." Esta frase del derecho romano, que forma parte de la ley argentina, determina que la maternidad se instituye de manera concluyente a partir del parto, siendo la mujer que da a luz la madre legal del niño.
A partir de las TRHA, la afirmación "MADRE ES LA QUE PARE" es puesta en jaque: origen y filiación ya no van necesariamente de la mano.
Actualmente las TRHA ofrecen distintos tratamientos en los cuales la biología no es parte fundamental de la maternidad, sino que cobra peso la "voluntad procreacional" de quienes deciden tener un hijo. Mediante la ovodonación, mujeres que por situaciones fisiológicas o por elección no pueden disponer de sus propios óvulos, pueden quedar embarazadas y gestar su hijo en su propio útero, pero con una genética diferente a la suya. Mujeres y hombres, solos o en pareja, heterosexuales y homosexuales pueden subrogar el vientre de una mujer para gestar su hijo, con sus propios gametos o con gametos donados. Estas mujeres gestantes paren un bebé que NO será su hijo.
En estos casos, NO coincide la mujer que gesta y pare a un bebé con la que será la madre que lo criará. El niño es gestado a partir del deseo de una o dos personas que quieren ser madre o padre. El niño no existe previamente a ese deseo.
Para legitimar estas prácticas la ley creó la figura legal de voluntad procreacional (regulada en el código civil en 2015) como una nueva fuente de filiación. La misma determina que es madre o padre quien expresa la voluntad de serlo recurriendo a alguna de las técnicas de reproducción médicamente asistida. A tal fin deben firmar un consentimiento previo, informado y libre en el cual confirmen dicha voluntad. Más allá de quién aportó la genética, de quien lo llevó nueve meses en su panza o de quien lo parió, es la voluntad de tener ese hijo lo que otorga la filiación en la reproducción por medio de las TRHA. Eso dice la ley.
Pero… ¿Alcanza lo que dice la ley para sentirse mamá o papá? ¿Voluntad es lo mismo que deseo? ¿Tener la misma genética es suficiente para convertirse en padre o madre? ¿Es posible maternar un hijo que estuvo en otra panza? ¿El vínculo y la crianza reemplazan la genética?
En nuestra práctica profesional hemos escuchado de boca de personas que llegan a nuestra consulta, interrogantes que se plantean ante las propuestas de algún tratamiento que deben encarar; ¿Quién será la mamá de ese bebé? ¿La donante del óvulo? ¿La mujer que lo llevó en su vientre y lo ha parido? ¿La que tuvo la voluntad procreacional y es la mujer que lo criará?
Son inquietudes latentes que no siempre aparecen en forma de pregunta, que no se dicen en voz alta, y que pueden llegar a interferir de alguna manera en el vínculo con el hijo. Inquietudes que pueden llegar a convertirse en secretos que perjudiquen la comunicación y quiebren la confianza entre padres-madres e hijos.
Poder trabajar estas cuestiones antes de tomar la decisión de realizar alguna técnica sería lo ideal (Prevención primaria) Esto no sucede habitualmente ya que no siempre las personas acuden a una consulta psi. previamente. Muchas veces asisten con el niño ya en brazos, y debemos trabajar en esa instancia. (Prevención secundaria o terciaria) Tengamos presente que poder poner palabras a los sentimientos; atravesar los duelos por todo aquello que no pudo ser como lo soñaban; reflexionar y elaborar todas las dudas e ideas que obstaculizan el vínculo con ese hijo, es beneficioso en cualquier momento del proceso.
Que cada persona pueda reflexionar por ejemplo: ¿El querer tener un hijo responde a mi deseo? ¿Es un mandato social o familiar que debo cumplir? ¿Cuán importante es la genética para mí? ¿Podré ser mamá o papá de un niño gestado con gametos donados de un desconocido? ¿Es muy importante para mí llevar a mi hijo en mi vientre?
Más allá de la firma en un papel que asuma la voluntad procreacional de aquellos que recurren a las TRHA, es importante reconocerse a sí mismo como esa mamá o papá deseante que permita llegar al mundo a un niño cuyo deseo no haya sido el de la ciencia, ni el de la sociedad, ni el del deber cumplir con un mandato. Un hijo que sea el resultado de un deseo propio, que lo incluya en un linaje familiar, que le otorgue un lugar, que permita subjetivarlo como un otro singular. Un deseo legítimo, "un deseo que no sea anónimo", como afirma el Lic. Armando Kletnicki en su escrito del mismo nombre (2000).
Estamos frente a nuevas maneras de concebir la vida en la cual la IA está cobrando un gran protagonismo. François Ansermet dice, en su libro La fabricación de los hijos, que se trata de no caer en las trampas de lo que él denomina biocatastrofismo ni dejarse llevar por la tentación conservadora. Intentando aprender y entender las nuevas formas de concebir la vida, que están ocurriendo más allá de nuestro asombro y de los enigmas que puedan plantearse acerca de ellas. Sin perder de vista el faro de nuestra tarea, que es la escucha singular del caso por caso.
¿De quién es este bebé? No es una simple pregunta, sino una reflexión muy profunda para pensar cuál es el lugar que ocupará ese niño en la novela familiar, al momento de decidir tener un hijo, sea de la manera que sea.
Muchos años después de finalizar un largo recorrido por las técnicas de reproducción asistida buscando un embarazo que nunca llegó, dice M en su espacio terapéutico: "¿Sabes lo que recuerdo? En las entrevistas, después de cada fracaso, siempre el médico me miraba y me hablaba a mí. Preguntas sobre cuándo hacer el siguiente intento, sobre cómo seguir. Para mí juegan con la ansiedad de la mujer. El hombre puede verlo más de afuera. Estás como enajenada, lo único que querés es volver a intentarlo. Estás dispuesta a dejarlo todo… Fueron más de 10 años y nosotros no figuramos en ninguna estadística de éxitos. Sobre eso no se escribe ni se publica nada".
Cuando los tratamientos son muchos y se extienden en el tiempo, se producen una serie de pasajes que suelen ir y venir entre expectativas y frustraciones. Los números invaden el territorio. Fechas para cada procedimiento, valores hormonales, cantidad de óvulos, de espermatozoides, sus cualidades, cantidad de embriones, lindos, feos, dudosos. Se puede pasar en breves períodos de tiempo del no tener, de la carencia de todo lo necesario para poder conseguir el embarazo, a tener mucho de todo, a que todo sea promesa para otra vez regresar a los números de la imposibilidad.
En los tratamientos de alta complejidad la ciencia produce, de ser posible, exceso de embriones, los que de no ser utilizados se criopreservan (conservación en frío a -196 °C en tanques de nitrógeno líquido) como embriones sobrantes para posibles futuros tratamientos. ¿Cómo tolerar que sobre, cuando se venía de los números de la escasez? ¿Qué representación para cada uno de estos embriones que se preservan en el frío? ¿Qué pasa con los embriones sobrantes si ya se consiguió un primer embarazo y no hay deseo de otro hijo? Ellos —los embriones— siguen en una espera quieta. ¿Qué son? ¿Quiénes son? A veces pareciera que quieren algo. ¿Desean nacer? La espera quieta se vuelve para muchos tiranía por parte del embrión quien se adelantó, como producto de la ciencia, al deseo. Por ahora al deseo particular de quien o quienes atravesaron de algún modo las técnicas en ocasiones para poder transmitir su genética. Más adelante, en un futuro que ya es casi presente, se desplegará un escenario de embriones bien calificados, tal vez gestados en úteros artificiales y ofrecidos a la carta para padres de intención anónimos.
Desde la ciencia se propone la preservación, de gametos o de embriones, por distintos motivos, según cada situación. La preservación de óvulos ligada a la postergación de la maternidad está muy publicitada en estos tiempos.
La noción de preservar se vincula a la de un estado que no se modifica. Se trata de "mantener algo en su estado original" (RAE). Se genera entonces, con la preservación, una sensación de garantía, de reserva. Pero la vida por fuera del laboratorio no permanece quieta, se transforma; cambia la edad, las circunstancias, los deseos. ¿Se logró ya un embarazo? ¿Se está en edad de gestar? Luego de 10 o 15 años, ¿lo siguen deseando?
Serán diferentes las problemáticas en juego según se trate de preservación de gametos o de embriones. Productos de la ciencia. Complejas decisiones.
Cuando se inicia el recorrido por las TRHA se abren caminos que pueden resultar sinuosos y mucho más prolongados de lo imaginado.
Es abrupto el corte que se genera entre la búsqueda del embarazo en la intimidad y la llegada a los centros de fertilidad. Se viene del silencio, de evitar a los amigos que ya tienen hijos, de no hablar del padecimiento con las familias, al encuentro con una gran cantidad de profesionales e información médica que puede tornarse un exceso de palabras. Estas pueden registrarse como esperanza, frustración, confusión, sentencia. La retracción social suele continuar durante la etapa de los tratamientos a la vez que se circula atravesando el ruido que generan las múltiples consultas y las palabras y acciones de los profesionales intervinientes. Ruido que es a veces dulce melodía o vibración que aturde y lastima.
Las técnicas dejan excedentes de embriones pero también excedentes emocionales. Las palabras del médico moldearán de algún modo las expectativas de quienes atraviesan este camino. Las descripciones que son imágenes de potencia sobre las características de los embriones a transferir suelen despertar una ilusión desmedida en un universo que es incertidumbre.
Los embriones sobrantes, excedentes de la técnica cuando ya se ha logrado el proyecto parental, cuando ya no son ilusión de hijo, se vuelven una presencia incómoda que interpela. Muchas veces se decide implantar pero esta decisión queda del lado del azar o de las creencias más que del deseo. Recuerda F en sesión, "no podíamos tomar ninguna de las opciones que nos ofrecían con el embrión congelado que quedaba. Por problemas médicos me recomendaban no tener más hijos. Con Sofi estábamos bien. Decidimos intentarlo igual. Nos daba culpa. No quedé. Sobrevino el alivio".
Acúmulo de información que aleja de la historia, del poder parar y procesar. La dinámica de los tratamientos se desenvuelve en un vértigo que poco espacio deja para la pregunta. Para la pregunta que se aleje del campo de lo médico. Se trataría de producir un viraje, de los números en el territorio, de las cantidades, del cuerpo cuantificado de la ciencia a donar palabras, palabras prudentes que acompañen cada proceso, cada historia. Cuestión de matices, la prudencia, al decir del filósofo alemán Gádamer.
En cuanto a nuestro rol, si se buscara un espacio terapéutico, se trataría de tomar la información, aclararla en ocasiones y hacer de ella un relato singular. Generar una pausa que habilite interrogantes, que dé lugar a la ambivalencia, de algún modo pasar del "todo se puede" a "¿puedo con todo esto?"
En su libro crisis de la narración dice el filósofo coreano Byung Chul Han "La información es aditiva y acumulativa. No transmite sentido, mientras que la narración está cargada de él. Sentido significa originalmente dirección. Así pues hoy estamos más informados que nunca, pero andamos totalmente desorientados".
A partir de las desorientadas voces de nuestros pacientes frente a las propuestas de la ciencia cada vez más controvertidas, así como desde nuestras propias preguntas y debates, surge ¿De quién es este bebé?, nuestro libro. ¿De quién es este bebé? es el interrogante que desde distintos lugares lo recorre. ¿Este bebé es sólo un hijo de la ciencia? ¿Eso lo define? ¿La fantasía de un niño diseñado a medida donde nada podría fallar?
Encontramos relatos que niegan la procedencia de las técnicas aun cuando ha habido donación de gametos y otros donde parece que todo está jugado ahí, en ese origen de laboratorio. ¿Qué pasa con lo que se transmite a los hijos sobre estos procedimientos? ¿Qué se dice? ¿Cómo? ¿Qué se silencia? ¿Cómo retornará en ellos? ¿Qué lugar ocuparán los donantes, la gestante si la hubiera? ¿La idea de la selección mediatizada por la ciencia? ¿La procedencia del frío? En cuanto a la transmisión a los hijos, al decir de la psicoanalista Silvia Bleichmar, "la verdad es un bien que debe ser administrado con prudencia". Es importante desde nuestro rol acompañar en la construcción de un relato posible y metabolizable para cada niño/a según cada etapa. Esto podrá abordarse luego de la tramitación por parte de los padres de los propios duelos y fantasmas derivados, en parte, del pasaje por las técnicas.
¿De quién es este bebé? Es una pregunta que también puede aludir a la vivencia de extrañeza principalmente cuando hubo en juego genética ajena ya sea por donación de gametos o por adopción.
¿Qué lugar ocupará en la subjetividad la procedencia de las técnicas, en cada una de sus variantes, en el origen?
Interrogante al que sólo nos podremos aproximar a partir de lo singular de cada historia, de cada encuentro.
Desde nuestra perspectiva, en línea con las series complementarias de Freud, partiendo de la concepción de un aparato psíquico abierto, podemos pensar en la particular impronta de estos orígenes pero considerando, más allá de lo constitucional, el impacto del azar, de los sucesos de la vida, de los vínculos futuros, de todo lo que no fue ni será programado.
La gestación por sustitución, llamada también subrogación de vientre, es una técnica reproductiva de muy alta complejidad. La he nominado así por todos los actores que implica (gestante, bebé, madre y/o compañero/a de intención) ya que desdibuja las fronteras de lo biológico, lo legal y lo ético.
En este complejo entramado, no sólo la psique de la gestante se ve interpelada, sino también, y quizás de una manera más sutil, el devenir psíquico del niño por nacer, quien desde el inicio de su vida intrauterina se encuentra inmerso en un campo emocional particularmente complejo, ambiguo y contradictorio.
El cuerpo de la gestante se transforma en un territorio de conflicto, un continente prestado donde un nuevo ser se desarrolla, pero donde el vínculo materno-filial debe ser, paradójicamente, contenido y disociado.
Esta escisión entre el cuerpo y la psique, o necesidad de diferenciar la experiencia física del vínculo emocional, genera una tensión que resuena en el bebé que percibe a través de la comunicación tónica y hormonal las ansiedades, las angustias y las defensas de la gestante.
Una de las preguntas que nos surge es ¿Dónde se guardan estas emociones? porque nos revela la función defensiva del aparato psíquico de la persona gestante.
Pero, ¿qué ocurre con esas emociones reprimidas, negadas o racionalizadas?
¿Cómo impactan en la formación del psiquismo emergente del bebé?
Otro punto relevante es el momento de la entrega del bebé que se presenta no sólo como un duelo para la gestante, sino también como una ruptura en la continuidad del ser para el niño. La separación del cuerpo que lo nutrió y albergó durante nueve meses, la discontinuidad en el vínculo primario, puede generar una herida temprana, una cicatriz psíquica que marcará su desarrollo posterior.
Lo que podríamos pensar como riesgo, desde una perspectiva analítica, es que el niño internalice un sentimiento de extrañeza, de no pertenencia, una dificultad para construir un sentido de sí mismo que sea coherente y estable.
La ambivalencia emocional que rodea su concepción y su nacimiento generará una confusión en su identidad, dificultando la elaboración de un sentimiento de seguridad y confianza básica.
En este contexto, el acompañamiento terapéutico no solo debería dirigirse a la gestante, sino que debe extenderse al niño y a la familia receptora. Por lo que es muy importante crear un espacio donde se puedan elaborar las fantasías, los temores y las ansiedades que rodean su origen, permitiendo que el niño construya una narrativa coherente y saludable de su propia historia.
Entonces la pregunta que nos queda es ¿cómo podremos minimizar, desde el psicoanálisis, el impacto en la psiquis en la gestante y el bebé, de esta técnica reproductiva de muy alta complejidad?
Y como si fuera poco, las Naciones Unidas en una asamblea general establecieron en un acta del 14 de julio de 2025, que la subrogación de vientre es equivalente al maltrato y a la trata de personas. Con lo que sumamos un nuevo agravante para seguir pensando todos estos temas.
Entiendo el psicoanálisis como un modo de abordaje de la experiencia humana, tanto en el espacio individual de la clínica de nuestros consultorios como en un más allá, donde se vuelve instrumento para pensar los cambios socioculturales, los contextos, las tramas colectivas (o su ausencia). Ante el irrefrenable avance de la biotecnología y la informática, con las novedades y movimientos que implica en el campo de los lazos humanos, se vuelve indispensable comprender la época y los modos vinculares que inaugura.
La productividad, la intermediación tecnológica, el individualismo y la inmediatez son las nuevas coordenadas que ponen en marcha las dinámicas actuales de interacción con el otro.
"Prefiero vivir sola (o solo)", "no tengo hijos pero tengo mis gatos, que es lo mismo", "mientras estamos bien está todo bien, pero al mínimo conflicto cada uno con su vida y a otra cosa", "somos amigos, nunca fuimos pareja, pero tenemos un hijo", "más de uno imposible, ya se nos pasó el tiempo para otro bebe, él ya es grande y está adaptado a nuestro estilo, es buenito, pasa horas jugando con la Tablet mientras trabajamos"… ¿Qué será ser grande, crecer, jugar, estar con otro y habitar la diferencia que eso implica?
Hay nuevos formatos de familia, modelos de crianza y formas de tener hijos. Mujeres que gestan para otros, filiación sin genética, placentas artificiales, embarazos sin encuentro sexual, úteros de laboratorio, embriones y gametos criopreservados. Hay quienes donan, quienes gestan, quienes crían, y quienes nacen.
El avance de la biotecnología trajo un mundo de oportunidades para las personas que no podían concebir de forma natural; casi todas las técnicas nacieron para sortear patologías. Pero la sociedad de consumo trascendió esa función y puso el hecho de tener un hijo en la escala de los objetos de consumo. Estamos a minutos de poder dar el peligroso paso que franquea el límite entre el deseo de hijo y el hijo por catálogo: que tenga ojos verdes, pelo castaño, tez clara, que tenga gusto por lo artístico pero también inteligencia matemática.
La búsqueda de la satisfacción puede aplanar la subjetividad, ese es el riesgo. ¿De quién es ese bebé?, o cabe también preguntarnos ¿Quién es ese bebé? ¿Qué lugar a la alteridad, a lo azaroso, a la falta? En este mundo de certezas y garantías, lo incierto, lo inesperado, lo que sorprende parece no tener espacio, molesta, contradice, queda fuera de control, nos devuelve nuestra propia vulnerabilidad… ¿asusta más lo humano que lo cibernético?
¿Hacia dónde van los vínculos? ¿Cómo se hará lazo con el otro en el futuro? ¿Seguiremos naciendo de otro cuerpo? ¿A qué le llamaremos mamá y papá? ¿Cómo será la experiencia de tener un hijo? ¿Seguirá existiendo la infancia? ¿Serán susceptibles de programación las emociones? ¿Qué lugar ocupará lo fortuito? ¿Seguiremos pensando de manera autónoma? ¿Tendrá algún sentido la esperanza? ¿Será algo a advenir el futuro, o ya estamos inmersos en él? ¿Cuál será la última guarida de lo humano?
Nos interpelan las cuestiones en torno a los duelos a atravesar en los TRHA: por la concepción natural, por falta de un proyecto familiar en pareja, duelo genético. Visibilizar estos temas, conocer las complejidades y desafíos en relación con las diversas maneras de conformar familias, incluyendo los aspectos jurídicos, puede favorecer que las y los protagonistas se aproximen a un espacio terapéutico. Si así ocurriera, el proceso en sí mismo de los TRHA puede convertirse en una prolífera oportunidad de trabajo psicoanalítico. Trabajo de "preparación" psíquica para la incierta aventura de gestar y criar, que también creemos importante en la concepción natural, pero a la que la tecnociencia aporta una complejidad mayor.
Cuestiones relativas a la diversidad de género, a la multiplicidad de deseos de las mujeres que extravasan la maternidad, a contra-reloj con los tiempos del cuerpo biológico, abren un mar de preguntas. Navegar entre el dolor, la aceptación, la esperanza. Un camino con un mapa en construcción, sin certezas y ubicando el deseo como faro.
Las caídas de las redes de sostén, los cambios sociales que sobre esto impactan, como ser las exigencias de la sociedad de consumo en la que estamos inmersos, los procesos migratorios y las guerras, son contexto y escenario que debe movilizarnos a (re)construir lazos allí donde se han fracturado. Los tiempos que conllevan las TRHA, pueden ser también tiempos de reflexión sobre los vínculos que anidarán a ese bebé.
Nos preguntamos sobre el timing de poner sobre la mesa de análisis los recursos para preservar la fertilidad, no sin ayudar a desidealizarlos.
Otra cuestión que nos genera preguntas es el concepto de pasión de hijo vs. el de deseo de hijo que propone la Lic. Patricia Alkolombre. Historias de "fueron madres luego de 18 TRHA" pueden ser leídas con la lente de la pasión, sin embargo, en el mano a mano, y conociendo el laberinto en constante movimiento de estos procesos, nos podemos encontrar, al decir de Luciana Mantero, con la concreción de "el deseo más grande del mundo".
Sigue siendo la escucha singular lo que nos permitirá diferenciar aspectos masoquistas y hostiles hacia sí mismos, de aspectos deseantes. También podremos oficiar, en ciertos casos, de "yo auxiliar" frente a la desesperación. Sin juzgar, y empáticamente.
¿Quiénes somos nosotros para hablar de imposibles? Hay quienes dicen que lo imposible solo lleva más tiempo… y mucho amor.